La artista visual venezolana Marianne Sucre, radicada en Miami, se ha convertido en una de las voces más interesantes del arte contemporáneo latinoamericano. Con más de 20 años explorando la creatividad y una década dedicada de lleno a su carrera, hoy expone en Estados Unidos, Europa y América Latina, mostrando un estilo que transita entre lo geométrico, lo abstracto y lo fotográfico.
Durante una conversación con Comercio TV, Sucre destacó cómo Miami pasó de ser una ciudad periférica a un epicentro cultural gracias al impulso de coleccionistas que, con ferias como Art Basel, transformaron barrios enteros como Buena Vista en el actual Design District. “El arte ha sido importantísimo tanto para la urbe como para la economía de la ciudad. No es casualidad que Miami se haya convertido en una capital del arte, eso fue planificado”, afirmó.
De la fotografía al lenguaje abstracto
La artista recordó sus inicios tras migrar de Venezuela en 1999, cuando las circunstancias políticas la llevaron a reinventarse en Miami. Sus primeras exploraciones fueron a través de la fotografía y la pintura con óleo y acrílico, hasta consolidar un lenguaje abstracto con base geométrica. “Al principio no tenía el tiempo ni la disposición para abrirme camino, pero esa etapa fue clave: experimenté con técnicas y encontré el estilo que hoy me define”, explicó.
Hoy, Miami le ofrece un ecosistema ideal para crecer, con espacios de formación, galerías y una comunidad multicultural que fomenta el talento emergente. “Aquí todo está conectado: artistas, coleccionistas y público. Miami es un melting pot cultural que inspira y abre oportunidades”, señaló.
El coleccionismo como motor cultural y financiero
Más allá de la creación, Sucre resaltó el papel del coleccionismo como pieza clave en la identidad cultural y la economía local. “Coleccionar arte no es solo una inversión financiera, también es crear legado e identidad familiar”, subrayó. Recordó que figuras como Jorge Pérez o la familia De la Cruz “entendieron que el arte podía transformar la ciudad y al mismo tiempo crear riqueza”.
Para Sucre, cada obra guarda la capacidad de transmitir historias que perduran en el tiempo, convirtiéndose en un puente entre generaciones. “Un cuadro no es solo un objeto colgado en la pared, es memoria, es identidad y es también futuro para quien lo conserva”, dijo.
La venezolana invitó al público a acercarse al arte con pasión y curiosidad. “Conozcan a los artistas, visiten galerías y museos, sigan lo que les mueva y fomenten esa pasión porque vale la pena. El arte cambia tu vida y cambia tu ciudad”, concluyó.
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