La jornada económica de agosto dejó a más de un analista sorprendido. Contra los pronósticos de una desaceleración, los números oficiales revelaron que el consumo en Estados Unidos mantuvo un ritmo sólido en medio de tensiones por inflación y tarifas.
El Departamento de Comercio informó que las ventas minoristas subieron 0.6% respecto a julio, superando ampliamente el 0.3% que anticipaban los economistas encuestados por The Wall Street Journal. El dato revisado de julio también se ubicó en 0,6%.
“El aumento de agosto estuvo impulsado en parte por categorías de regreso a clases, como ropa y accesorios, que crecieron 1.0%, y artículos deportivos, librerías e instrumentos musicales, con un alza de 0.8%”, señaló el reporte. Excluyendo autos, el incremento alcanzó 0.7%, por encima del 0.4% previsto.
Sin embargo, la presión inflacionaria no se disipó. Los precios al consumidor subieron 2.9% anual, el nivel más alto desde inicios del año, con aumentos marcados en alimentos, vivienda y automóviles. En calzado, el alza fue de 1.4% anual, aunque el calzado femenino escaló 2.8%. Matt Priest, director ejecutivo de Footwear Distributors and Retailers of America, advirtió que sus miembros afrontarán $5,000 millones en aranceles en 2025, muy por encima de los $3,000 millones habituales.
El repunte del consumo refleja dinamismo, pero también riesgos. Para los latinos, que destinan una parte significativa de su salario a bienes básicos, la inflación en alimentos y vivienda erosiona su poder adquisitivo. Al mismo tiempo, los aranceles sobre productos cotidianos como el calzado impactan con mayor fuerza en hogares de ingresos bajos y medios, donde la comunidad hispana tiene fuerte presencia.
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