En Buenos días Wall Street de Comercio TV recibimos a Adah Calabuig, cofundadora de MaryMe, para hablar de un problema tan común como subestimado: organizar una boda sin perder la calma ni el presupuesto. Conocerás cómo su plataforma combina criterio profesional, inteligencia artificial y una red de proveedores para transformar estrés en método —y expectativas difusas en decisiones viables.
Adah Calabuig llegó a Miami después de triunfar en Valencia, donde durante diez años dirigió varios espacios para eventos y planificó decenas de bodas. Esa experiencia le permitió entender una realidad: las novias necesitan respuestas rápidas y los proveedores, seguridad y transparencia. Con esa idea nació MaryMe, una aplicación que conecta a ambos de forma inteligente. La plataforma no se limita a mostrar una lista de contactos, sino que recomienda servicios personalizados según el presupuesto, la ubicación y el estilo de cada pareja. Además, ayuda a organizar gastos, comparar precios y decidir en qué vale la pena invertir más, como flores, música o decoración.
El crecimiento de MaryMe ha sido sorprendente. En apenas cuatro meses, la plataforma ya conecta a entre 500 y 600 proveedores y acompaña a más de 4,000 parejas que están organizando su boda. En una industria que mueve unos $70 mil millones al año, su fórmula destaca por su transparencia y sencillez: no hay cuotas ocultas ni promesas vacías. Cada proveedor compra tokens que se transforman en contactos reales y verificados, mientras que el programa de embajadores permite a fotógrafos, floristas y espacios para eventos ganar dinero extra al recomendar la plataforma a otros profesionales del sector.
El siguiente paso es la expansión internacional. MaryMe ya tiene presencia en Estados Unidos, España y América Latina, y su objetivo es fortalecer las llamadas bodas destino, celebraciones más íntimas, de entre 50 y 100 invitados, que duran varios días e incluyen preboda, ceremonia y postfiesta. La aplicación ayuda a las parejas a planificar cada detalle, desde la elección del lugar hasta la decoración, la distribución de mesas y la contratación de wedding planners locales según el presupuesto y el estilo de cada boda.
La comunidad latina en EE. UU. es clave para este ecosistema: impulsa bodas destino, sostiene cientos de pequeños negocios y aporta hospitalidad, creatividad y oficio. Su peso económico y cultural acelera la profesionalización del sector y abre oportunidades de empleo y exportación de servicios a ambos lados del continente.
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