La tensión política en Washington continúa creciendo mientras Estados Unidos enfrenta otro cierre del gobierno prolongado. Sin un acuerdo a la vista, el estancamiento refleja la profunda división entre republicanos y demócratas sobre la dirección económica y social del país.
El cierre del gobierno alcanzó el miércoles su día número 22, convirtiéndose en el segundo más largo de la historia. Ambos récords se produjeron bajo el mandato del presidente Donald Trump. El anterior, ocurrido en 2018, se extendió por casi cinco semanas, 35 días exactos, tras un desacuerdo sobre la financiación de su política migratoria.
El actual conflicto estalló cuando los demócratas del Senado se negaron a aprobar un proyecto de ley temporal presentado por los republicanos por no incluir fondos adicionales para salud. Los demócratas buscan mantener los créditos fiscales ampliados de la Ley de Atención Médica Asequible, que expiran a fin de año, argumentando que su eliminación elevaría las primas de millones de ciudadanos para 2026.
Mientras tanto, los republicanos acusan a la oposición de usar el cierre como herramienta política. El Senado, con mayoría republicana de 53-47, necesita 60 votos para aprobar cualquier medida de financiación, algo que no ha logrado en 11 intentos. “Se trata de abrir el gobierno”, dijo el líder de la mayoría John Thune, quien criticó a los demócratas por exigir “algo insostenible”.
La prolongación del cierre amenaza con paralizar servicios esenciales y aumentar la incertidumbre económica, afectando directamente a familias trabajadoras, incluidas miles de origen latino, cuya estabilidad depende de los empleos y programas federales suspendidos.
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