El mercado petrolero estadounidense cerró la semana con movimientos inesperados, reflejando un ajuste más pronunciado en el balance energético nacional. Factores como la reducción de importaciones y el incremento de exportaciones provocaron una caída considerable en los inventarios, lo que generó expectativas sobre la presión futura en los precios del petróleo.
De acuerdo con la Administración de Información Energética (EIA), las reservas comerciales de crudo —excluyendo la Reserva Estratégica— disminuyeron en 6.9 millones de barriles, hasta los 416 millones, lo que equivale a un 6% por debajo del promedio de los últimos cinco años. La reducción superó con amplitud las proyecciones de los analistas del Wall Street Journal, que anticipaban un descenso de apenas 200,000 barriles.
En contraste, la Reserva Estratégica de Petróleo aumentó en 533,000 barriles, alcanzando los 409.1 millones, mientras que los inventarios en Cushing, Oklahoma, subieron en 1.3 millones, situándose en 22.6 millones de barriles.
La producción nacional también mostró un leve repunte, con un incremento de 15,000 barriles diarios, hasta los 13.6 millones de barriles por día. Las importaciones cayeron drásticamente en 867,000 barriles diarios, situándose en 5.1 millones, mientras que las exportaciones aumentaron 158,000 barriles diarios, llegando a 4.4 millones.
Por su parte, la actividad de las refinerías se desaceleró, con una utilización del 86.6% frente al 88.6% de la semana previa, lo que representa una reducción de 511,000 barriles diarios en el procesamiento. La cifra fue mucho mayor de lo esperado por los analistas, que preveían una variación mínima.
El informe también mostró descensos en los productos refinados. Las reservas de gasolina retrocedieron en 5.9 millones de barriles, hasta los 210.7 millones, un 3% por debajo del promedio quinquenal. En tanto, los combustibles destilados —como diésel y queroseno— disminuyeron en 3.4 millones de barriles, situándose en 112.2 millones, aproximadamente un 8% por debajo del promedio estacional.
La fuerte contracción de los inventarios revela un consumo interno más activo y una dinámica comercial que podría generar tensiones en la oferta a corto plazo. Con un mercado dependiente de las exportaciones y de la estabilidad de las refinerías, el equilibrio energético de Estados Unidos afronta semanas decisivas para evitar presiones adicionales en los precios del crudo.
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