En medio de la agitación política y económica que domina a Washington, Tesla vuelve a colocarse en el centro del debate tras una decisión que podría redefinir los límites de la compensación ejecutiva. Los accionistas de la compañía aprobaron un paquete salarial de proporciones históricas para su director ejecutivo, Elon Musk, que podría llevarlo a convertirse en el primer trillonario del planeta.
La aprobación del plan, valorado en $1 billón de dólares (EE. UU.: 1 trillion), exige que Tesla alcance en el trascurso de 10 años, una capitalización de mercado de $8.5 billones y cumpla con ambiciosos objetivos, como 20 millones de entregas de vehículos, 10 millones de suscripciones a FSD, 1 millón de bots Optimus y 1 millón de robotaxis en operación comercial. Hasta el momento, la empresa ha entregado más de 8 millones de vehículos, según su último informe.
Este gigantesco paquete salarial no está exento de controversia. Según análisis recientes, Tesla ya se ha beneficiado de $38,000 millones en subsidios federales, lo que, para muchos observadores, confirma la antigua afirmación de Barack Obama: “ustedes no construyeron eso”. La frase, que en su momento generó polémica, resurge ahora como una reflexión sobre el papel del gobierno en el éxito de las grandes corporaciones.
A pesar de los múltiples retiros de vehículos, la caída de ventas en Europa y la creciente presión política, los inversores parecen convencidos de que la cercanía entre Musk y la administración de Donald Trump garantizará nuevos impulsos. Analistas como Dan Ives aseguran que Tesla podría beneficiarse de los incentivos federales ligados a la inteligencia artificial y de contratos públicos que consolidarían su posición dominante.
El propio Trump ha expresado su simpatía por Musk. “Tuvo una mala racha… pero me cae bien Elon, y sospecho que siempre será así”, declaró recientemente el presidente, subrayando una relación que, pese a altibajos, sigue siendo estratégica tanto en lo político como en lo económico.
El respaldo de los accionistas a este paquete colosal refleja no solo la fe en la visión de Musk, sino también la convicción de que, en la intersección entre poder corporativo y estatal, Tesla continuará marcando el rumbo del futuro tecnológico y financiero de Estados Unidos.
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