En medio de un panorama económico donde los consumidores ya lidian con incrementos generalizados, un producto tradicional de la mesa estadounidense está mostrando variaciones que rara vez se habían visto. Los ganaderos, supermercados y economistas coinciden en que el fenómeno responde a una tormenta perfecta que afecta tanto a la producción como al consumo.
Según los últimos datos disponibles del índice de precios al consumidor, la categoría de carne de res y ternera aumentó 14.7%, muy por encima del 3.1% registrado por los alimentos en general. Pero los productores aseguran que sus propios gastos también se han disparado: la Federación Estadounidense de Oficinas Agrícolas estima que los costos de insumos crecieron más del 50% en cinco años. Taylon Lienemann, de Linetics Ranch, resumió la paradoja: “Si la gente paga $6 por un café con leche… y luego paga $6 por una libra de carne, puede alimentar a una familia de tres con esa libra”.
El origen del problema está en una oferta históricamente baja. A comienzos de 2025, el rebaño nacional cayó a su nivel más reducido desde 1951. Adam Wegner, del Consejo de Carne de Res de Nebraska, explicó la disyuntiva del productor: “¿Vendemos este ganado al sistema de suministro o lo retenemos?… cuando hay dinero en juego, hay un incentivo para venderlo”. La sequía empeora el escenario: “Se produce muy poco alimento… y el ganado sigue necesitando ese alimento”, advirtió Lienemann.
Para empresas como Omaha Steaks, el impacto es directo. Su CEO, Nate Rempe, reconoció que “el costo de la carne de res ha aumentado tanto que realmente está empezando a afectar nuestros resultados financieros” y anticipó que eventualmente podrían trasladar parte del incremento al consumidor.
Aunque la producción total ha crecido gracias a animales más pesados e importaciones constantes, los expertos señalan que el verdadero alivio dependerá del reabastecimiento del hato nacional. Andrew Griffith, de la Universidad de Tennessee, afirmó que conservar hembras reducirá temporalmente la oferta, pero “dentro de tres años comenzará a suavizar los precios”.
La industria enfrenta así un periodo decisivo, donde cada decisión del productor influirá en el precio que paga el consumidor y en la estabilidad futura del mercado cárnico estadounidense.
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