En las calles de la isla, la incertidumbre vuelve a sentirse con fuerza. Para una población acostumbrada a la escasez y a las crisis recurrentes, los últimos acontecimientos en la región han encendido nuevas alarmas sobre un futuro inmediato que muchos temen aún más duro que el presente.
La captura del líder venezolano Nicolás Maduro el sábado ha reavivado el temor a que se interrumpa el suministro de petróleo subsidiado que Cuba recibe desde hace más de dos décadas. Desde 1999, La Habana ha dependido en gran medida del crudo venezolano a cambio de médicos, asesores militares y personal de seguridad. Sin ese flujo, la economía cubana, ya sumida en una profunda crisis, podría deteriorarse de forma drástica.
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“Si el suministro de petróleo cesara por completo, la economía cubana se paralizaría por completo”, advirtió Pavel Vidal, execonomista del Banco Central de Cuba, a la cadena estadounidense NBC News. “Esto representaría un golpe devastador para una economía cubana que ya lleva seis años en recesión”.
El propio presidente Miguel Díaz-Canel reconoció recientemente que el producto interno bruto cayó más de 4% y que la economía está “parcialmente paralizada”. Mientras tanto, los apagones se han intensificado, con cortes de hasta 10 horas diarias en La Habana y de hasta 20 horas en otras regiones.
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Desde el gobierno, el tono ha sido desafiante. Díaz-Canel afirmó que “por Venezuela, y por supuesto también por Cuba, estamos dispuestos a dar nuestra propia sangre”. Sin embargo, para muchos cubanos, el temor no es político sino cotidiano: sobrevivir a una nueva etapa de escasez prolongada en un país donde las alternativas económicas se reducen cada vez más.
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