En el primer episodio de 2026 de La libreta financiera de Natalia Ospina, la conversación arrancó lejos de cifras y más cerca de lo cotidiano: expectativas, acuerdos y esos silencios que, con el tiempo, pueden volverse grietas. Con un tono directo, la asesora patrimonial planteó que la prosperidad en pareja no depende solo de cuánto entra a casa, sino de cómo se construye una visión compartida “codo a codo, mano a mano”, porque cuando hay alineación “1 + 1 se vuelve tres”.
“Una conversación de dinero no empieza de cuánto ganas”
Ospina advirtió que este inicio de año ha escuchado repetirse un mismo patrón en historias de separación: “la falta de comunicación” y la incapacidad de “llegar a comunes acuerdos”, algo que “donde más se refleja… es en la parte financiera”. Por eso, insistió en empezar por la raíz: “una conversación de dinero no empieza de cuánto ganas, cuántas deudas tienes”. Primero, dijo, hay que encontrar “un por qué”: “¿Qué sueñas?… ¿Cuál es tu sueño financiero más preciado?”.
Entre sus ejemplos mencionó “la compra de la vivienda”, “la educación universitaria de sus hijos”, “un negocio familiar” o “un retiro soñado”. Y contó una escena doméstica que convirtió en método: “faltando 20 minutos para que se cerrara el año… dijimos: ‘Oye, no hemos revisado este año’”. De allí surgió su idea de llevar “una bitácora de sueños” para evitar perderse en “discusiones sobre gastos pequeños” y volver al mapa general: “¿qué vida queremos construir con ese dinero?”.
Metas, reglas y protección: “véanse en pareja como una empresa”
El siguiente paso, explicó, es aterrizar el sueño: “traducirlo en metas concretas”: “¿Cuánto nos cuesta? ¿Para cuándo lo queremos?”, distinguiendo entre corto, mediano y largo plazo. Su frase fue tajante: “una meta que no está escrita se vuelve solo un deseo”. Luego vino el tramo incómodo: “enfrentar nuestra realidad financiera” con “honestidad total”, “sin juicios” y “sin buscar culpable”.
Para reducir fricciones, la experta propone “crear un sistema para tomar decisiones sanas” con reglas claras: cuentas conjuntas para gastos comunes, espacios individuales y límites. Citó un ejemplo práctico: “Conozco parejas que si… es más de $1,000, nos llamamos y nos consultamos”. En su caso personal, defendió el enfoque “all in”: “Todo va a una misma canasta”, pero con un monto individual para conservar libertad.
El cuarto paso fue blindar el proyecto común: “proteger su sociedad” y “véanse como una empresa”. Habló de “fondo de emergencias… de 3 a 6 meses”, seguros y planificación patrimonial. Y cerró con una invitación que sonó a pacto: “un plan financiero… es un mapa que está vivo”, por eso hay que revisarlo, celebrar avances y recordarse que “construir una visión financiera compartida es… uno de los actos de amor… más grandes”.
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