Las últimas cifras económicas publicadas por Beijing ofrecen una fotografía compleja de una economía que avanza, pero con pasos cada vez más contenidos. Detrás de los titulares, los datos revelan tensiones internas y externas que empiezan a condicionar las decisiones de política económica para los próximos meses.
El crecimiento económico de China se desaceleró al 4.5% interanual en el cuarto trimestre, el ritmo más débil en casi tres años, según datos de la Oficina Nacional de Estadística. La cifra marcó una moderación frente al 4.8% del trimestre previo y coincidió con un enfriamiento de la demanda interna. Aun así, el crecimiento anual alcanzó el 5%, cumpliendo el objetivo oficial fijado por Beijing.
Los indicadores de consumo fueron los que más decepcionaron. Las ventas minoristas crecieron apenas 0.9% en diciembre, por debajo del 1.2% esperado por los economistas y el avance más bajo desde diciembre de 2022. En contraste, la producción industrial mostró mayor fortaleza al subir 5.2%, superando las previsiones del mercado. La inversión en activos fijos se contrajo 3.8% en 2025, mientras que la inversión inmobiliaria profundizó su caída hasta 17.2%, agravando una crisis que sigue lastrando la confianza.
“Debemos adoptar políticas macroeconómicas más proactivas y efectivas y continuar expandiendo la demanda interna”, señaló la oficina de estadísticas en un comunicado oficial. Pese a ello, el motor externo volvió a ser clave.
A pesar de este panorama, China registró un superávit comercial récord cercano a $1.2 billones, impulsado por el redireccionamiento de exportaciones hacia mercados no estadounidenses.
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“El lastre previsto por los envíos anticipados y la apreciación de la moneda ha sido limitado”, afirmó Tommy Xie, director gerente de OCBC Bank, quien prevé que las exportaciones crezcan alrededor de 3% en 2026. Kang Yi, jefe de la oficina de estadísticas, indicó que las exportaciones netas representaron casi un tercio del PIB en 2025, mientras que el consumo aportó el 52%.
Con tensiones comerciales latentes, inflación contenida y un sector inmobiliario aún frágil, el desempeño del cierre de año refuerza la presión sobre Beijing para acelerar reformas que equilibren crecimiento y estabilidad.
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