El último informe trimestral de Intel dejó una sensación agridulce entre los inversores, que reaccionaron con fuerza tras conocer no solo los resultados, sino también las señales que la compañía envió sobre su desempeño inmediato. Aunque las cifras superaron las estimaciones iniciales, el mensaje sobre el futuro terminó pesando más en el ánimo del mercado.
La compañía informó ganancias ajustadas de 15 centavos por acción, por encima de los 8 centavos esperados, con ingresos de $13,700 millones frente a los $13,400 millones previstos. Sin embargo, Intel proyectó ventas para el primer trimestre de entre $11,700 y $12,700 millones y un beneficio por acción ajustado en punto de equilibrio, por debajo de las expectativas de los analistas, que apuntaban a 5 centavos y $12,510 millones. Tras el anuncio, las acciones llegaron a caer 13% en las operaciones fuera de horario.
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El director financiero, David Zinsner, explicó que la débil orientación se debe a limitaciones de suministro. “La compañía no tiene el suministro que necesita para la demanda estacional”, dijo, aunque anticipó una mejora en el segundo trimestre. En tanto, el CEO Lip-Bu Tan reconoció que “nuestros rendimientos se ajustan a nuestros planes internos”, pero admitió que “aún están por debajo de lo que deseo”.
Intel registró una pérdida neta de $600 millones, o 12 centavos por acción, frente a una pérdida de $100 millones un año antes. Aun así, el optimismo persiste en torno a su negocio de fundición y a tecnologías como 18A, que Tan afirmó que “superó las expectativas”.
Pese al retroceso bursátil, la compañía apuesta a que la demanda vinculada a la inteligencia artificial y sus avances productivos permitan recuperar la confianza del mercado en los próximos trimestres.
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