Antes de que amaneciera, un vuelo nocturno entre Honolulu y Los Ángeles marcó el final de una de las tradiciones más reconocibles —y debatidas— de la aviación comercial en Estados Unidos, dejando a muchos pasajeros con sensaciones encontradas sobre el rumbo de la aerolínea.
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Tras más de 54 años, Southwest Airlines eliminó su política de asientos abiertos y comenzó a operar con asientos asignados para todos los clientes. A partir de ahora, los pasajeros conocerán su lugar antes de abordar, y algunos pagarán más de $70 por trayecto para acceder a nuevos asientos con mayor espacio en la parte delantera del avión.
La transición también tuvo impacto interno. Una auxiliar de vuelo comentó que estaba “tan contenta que quería llorar”, debido al estrés que generaba ver a los clientes recorrer el pasillo buscando asiento. Aun así, otros empleados despidieron la vieja política con aplausos y recuerdos conmemorativos para los últimos pasajeros.
Según el director ejecutivo Bob Jordan, “el 80% de los clientes de Southwest prefieren un asiento asignado”, una cifra clave detrás de la decisión. El cambio llega además en medio de presiones de inversionistas y de un sector que ha generado $12.4 mil millones en tarifas de asientos entre 2018 y 2023.
Con esta medida, Southwest se alinea con una industria que prioriza la previsibilidad, apostando a que el orden sustituya definitivamente al caos que durante décadas definió su identidad.
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