Un nuevo actor ha comenzado a ocupar un lugar central en el debate global sobre inteligencia artificial, despertando tanto fascinación como inquietud. Su rápida expansión, impulsada por redes sociales y comunidades tecnológicas, coincide con un momento en que la industria busca sistemas capaces de ir más allá de simples asistentes conversacionales.
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El agente de IA de código abierto conocido hoy como OpenClaw, antes llamado Clawdbot y Moltbot, fue lanzado hace apenas unas semanas por el desarrollador austriaco Peter Steinberger. Desde entonces, su popularidad ha crecido de forma vertiginosa en medio del auge de los llamados agentes de IA, diseñados para completar tareas de manera autónoma y actuar en nombre de los usuarios. “La contratación se está desplazando hacia sistemas que realmente hacen cosas”, repiten entusiastas del sector, convencidos de que esta tecnología podría redefinir la productividad.
Promocionado como “la IA que realmente hace cosas”, OpenClaw se ejecuta directamente en sistemas operativos y aplicaciones, permitiendo automatizar correos electrónicos, calendarios, navegación web e incluso compras en línea. Los usuarios han mostrado cómo el agente resume archivos PDF, programa eventos, envía y elimina mensajes y aprende hábitos gracias a su “memoria persistente”, capaz de retener interacciones durante semanas. Su naturaleza de código abierto lo diferencia de otros agentes, al permitir que cualquiera inspeccione y modifique su funcionamiento.
Esa apertura ha impulsado su adopción. El proyecto ya acumula más de 145,000 estrellas y 20,000 bifurcaciones en GitHub, con una expansión que comenzó en Silicon Valley y llegó hasta China. Empresas como Alibaba, Tencent y ByteDance han explorado su integración, mientras que OpenClaw también puede combinarse con modelos desarrollados en chino, como DeepSeek.
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Riesgos inminentes
Sin embargo, no todo es entusiasmo. Kaoutar El Maghraoui, investigadora de IBM, señaló que demuestra que la utilidad real de los agentes “no se limita a las grandes empresas” y puede ser “increíblemente poderosa”. En contraste, firmas de ciberseguridad como Palo Alto Networks advirtieron sobre una “trilogía letal” de riesgos vinculados al acceso a datos privados y la capacidad de comunicación externa con memoria activa. Cisco también ha expresado preocupaciones similares.
Steinberger reconoció los desafíos y afirmó: “Es un proyecto gratuito y de código abierto que requiere una configuración cuidadosa para ser seguro”. Añadió que aún “no está pensado para usuarios sin conocimientos técnicos”, aunque confía en avances próximos.
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El debate se intensificó con Moltbook, una red social donde agentes OpenClaw interactúan entre sí, publican manifiestos e incluso lanzan tokens. Para algunos es una curiosidad; para otros, una señal de hacia dónde se dirige la autonomía de la IA. Como resumió Marc Einstein, de Counterpoint Research, “estos agentes parecen estar acercándose a la inteligencia humana”, una percepción que está redefiniendo expectativas, temores y ambiciones en toda la industria tecnológica.
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