Ford Motor avanza con una transformación profunda en su estrategia de vehículos eléctricos. La compañía confirmó que su próxima generación de autos eléctricos, comenzando con una camioneta compacta estimada en $30,000 para 2027, incorporará una arquitectura eléctrica de 48 voltios, una tecnología que Tesla llevó al mercado con el Cybertruck.
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El sistema reemplaza el tradicional esquema de 12 voltios —utilizado durante décadas en la industria— y permite que la batería principal de alto voltaje alimente todo el vehículo. Con ello, se mejora la eficiencia energética, se reduce el peso del cableado y se incrementa la capacidad eléctrica del vehículo. Cuando es necesario, la energía puede convertirse nuevamente de 48 a 12 voltios mediante nuevas unidades de control electrónico.
Según la compañía, el arnés de cableado de la nueva camioneta será más de 1,224 metros más corto y 10 kilos más ligero que el utilizado en su primer SUV eléctrico. Esto no solo reduce costos, también simplifica la fabricación.
La estrategia forma parte de una inversión de $5,000 millones hasta 2027 en su nueva plataforma denominada “Vehículo Eléctrico Universal” (VEU). Ford busca que los costos de producción de sus eléctricos se acerquen a los de los modelos a gasolina, un punto crítico en un segmento que aún enfrenta problemas de rentabilidad por el alto precio de las baterías.
El rediseño también impactará la manufactura. Ford estima que sus nuevos modelos eléctricos tendrán 20% menos piezas, 25% menos sujetadores y requerirán 40% menos estaciones de trabajo en planta. El tiempo de ensamblaje sería 15% más rápido. Además, adoptará el sistema de “gigacastings”, popularizado por Tesla, que sustituye decenas de piezas pequeñas por grandes componentes fundidos. La nueva camioneta tendrá solo dos grandes estructuras delanteras y traseras, frente a 146 componentes similares en la actual Maverick a gasolina.
El CEO Jim Farley ha calificado esta etapa como un “momento Modelo T” para la empresa, en referencia al vehículo que masificó la industria hace más de un siglo. Sin embargo, el contexto es más desafiante.
Las ventas de vehículos eléctricos en EE.UU. alcanzaron un máximo de 10.3% del mercado en septiembre, antes del fin de incentivos federales, y luego retrocedieron a 5.8% en el cuarto trimestre, según datos de Cox Automotive. En ese entorno, Ford anunció recientemente amortizaciones por $19,500 millones relacionadas con ajustes en su estrategia eléctrica.
A pesar de la desaceleración, la compañía sostiene que vehículos más accesibles y eficientes podrían reactivar la demanda.
Para muchos consumidores hispanos en Estados Unidos —donde las camionetas son clave en sectores como construcción, logística y pequeños negocios— un modelo eléctrico cercano a los $30,000 podría representar una alternativa atractiva si realmente logra equiparar costos frente a los vehículos de gasolina. El precio inicial sigue siendo una barrera importante, especialmente en comunidades donde el acceso a crédito y los costos de energía influyen directamente en la decisión de compra.
Además, la simplificación en manufactura podría impactar las plantas de ensamblaje en estados con alta participación laboral hispana, donde la transición hacia procesos más automatizados exige capacitación técnica adicional.
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Ford apuesta a que eficiencia, menor complejidad y precios más competitivos sean suficientes para enfrentar tanto a Tesla como a las marcas chinas que ganan terreno globalmente. El desafío no es solo tecnológico, sino financiero: lograr que el vehículo eléctrico deje de ser una promesa costosa y se convierta en un negocio rentable y masivo.
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