La remodelación del Estadio Azteca enfrenta retrasos que ya generan dudas sobre su capacidad para cumplir con los plazos exigidos por la FIFA rumbo al Mundial 2026. El propio grupo propietario del inmueble reconoció en un reporte corporativo que las obras no avanzan conforme al calendario previsto y que existe el riesgo de perder partidos asignados.
La advertencia no es menor. La FIFA exige que los estadios sede estén completamente operativos semanas antes del torneo para instalar tecnología, sistemas de seguridad, logística de transmisión y control de accesos. No basta con que la obra esté “casi terminada”: el organismo requiere control total del recinto en fechas específicas de inspección.
Si esos estándares no se cumplen, la federación puede retirar partidos y reasignarlos a otra ciudad sede. El reglamento no contempla prórrogas.
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Los juegos que están en riesgo
De acuerdo con la planeación inicial, el Azteca albergaría el partido inaugural —México vs Sudáfrica— además de encuentros como Uzbekistán vs Colombia, otro partido de la selección mexicana en fase de grupos, así como duelos de dieciseisavos y octavos de final.
El escenario más delicado sería la pérdida del juego inaugural. México aspira a convertirse en el primer país en albergar tres inauguraciones mundialistas (1970, 1986 y 2026). Que ese partido se mueva a otra sede, incluso fuera del país dentro del esquema compartido con Estados Unidos y Canadá, tendría un impacto simbólico y político significativo.
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Costos y presión financiera
Los retrasos también implican ajustes presupuestarios y mayores costos de construcción. En proyectos de esta escala, cualquier modificación técnica —infraestructura tecnológica, palcos, accesos o requisitos de hospitalidad— eleva la inversión prevista.
Para México, el Mundial representa una oportunidad económica relevante en turismo, consumo y generación de empleo temporal. Sectores como hotelería, transporte, comercio minorista y servicios —donde la comunidad hispana tiene fuerte presencia laboral tanto en México como en Estados Unidos— dependen en parte de la certidumbre operativa del evento.
Un eventual cambio de sede no cancelaría el Mundial en México, pero sí reduciría la derrama directa asociada a partidos clave, especialmente el inaugural, que suele concentrar mayor atención mediática, patrocinadores y visitantes internacionales.
La carrera final
A poco más de un año del torneo, el margen de maniobra se estrecha. La presión ahora no es solo deportiva, sino financiera y reputacional.
El Azteca sigue siendo un símbolo global del futbol. Sin embargo, en el contexto de un Mundial cada vez más corporativo y regulado, la historia pesa menos que el cumplimiento técnico. El tiempo será el factor decisivo.
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