El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a plantear la posibilidad de una “toma amistosa” de Cuba, al afirmar que la isla atraviesa una crisis económica y energética que la coloca en una situación crítica.
La “toma amistosa” mencionada por el presidente estadounidense se da en el contexto de una estrategia de presión política y económica destinada a forzar una apertura del sistema cubano más que a una intervención militar directa. También podría implicar acuerdos graduales que acerquen a Cuba a la órbita económica de Estados Unidos, algo que tendría repercusiones inmediatas en comercio, remesas y migración entre ambos países.
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Durante declaraciones en Doral, Florida, Trump dijo que Cuba enfrenta una severa escasez de energía y recursos financieros. También señaló que el secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene gestiones relacionadas con la situación de la isla mientras se agrava su crisis interna.
Los comentarios llegan en medio de un aumento de la presión de Washington sobre el gobierno cubano. La administración estadounidense ha restringido el acceso de La Habana al petróleo venezolano, una de sus principales fuentes de combustible, y ha advertido que podría imponer aranceles a países que suministren crudo a la isla.
El endurecimiento de la política coincide con una crisis energética cada vez más profunda dentro de Cuba. El gobierno ha implementado medidas de racionamiento para proteger el suministro destinado a servicios esenciales y sectores productivos, mientras los apagones y la escasez de combustible afectan el transporte y la actividad económica.
La presión sobre Cuba también se produce en un contexto geopolítico más amplio. Tras las recientes tensiones militares de Estados Unidos con Irán y los cambios políticos en Venezuela —aliado histórico de La Habana—, aliados de Trump han sugerido que la isla podría convertirse en el próximo foco de la política exterior de Washington.
El gobierno cubano ha negado que existan negociaciones formales con Estados Unidos, aunque ha reconocido que existen comunicaciones entre ambas administraciones.
Para la comunidad cubana en Estados Unidos, especialmente en Florida, el deterioro de la economía de la isla tiene implicaciones directas. La escasez energética y la contracción económica pueden intensificar la migración y aumentar la dependencia de remesas enviadas desde el exterior, un flujo clave para muchas familias y pequeños negocios que dependen del apoyo financiero de parientes en el extranjero.
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