La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse en marzo y alcanzó una tasa anual de 3.3%, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía. En el mes, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 0.9%, en línea con lo esperado, pero marcando un repunte significativo frente al 2.4% registrado en febrero.
El aumento estuvo dominado por el salto en los precios energéticos, que avanzaron 10.9%. Dentro de este rubro, la gasolina se disparó 21.2% y explicó cerca de tres cuartas partes del incremento mensual del índice general, reflejando el impacto directo del conflicto con Irán en los costos. Sin embargo, la inflación subyacente mostró un comportamiento más moderado. Excluyendo alimentos y energía, los precios subieron 0.2% en el mes y 2.6% interanual, ambos por debajo de las previsiones. Este dato sugiere que, más allá del shock energético, las presiones inflacionarias estructurales siguen relativamente contenidas.
Algunos sectores incluso registraron caídas. Los precios en atención médica, cuidado personal y vehículos usados descendieron durante el mes. En alimentos, no hubo variación mensual, mientras que en términos anuales el aumento fue de 2.7%.
Dentro del consumo en el hogar, los precios bajaron 0.2%. La carne cayó 0.6% y los huevos retrocedieron 3.4% en marzo, acumulando una fuerte caída de 44.7% en el último año. Los vehículos nuevos apenas subieron 0.1%. En contraste, comenzaron a aparecer presiones en otras categorías sensibles. Las tarifas aéreas aumentaron 2.7% y la ropa subió 1%.
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La energía explica el repunte del IPC
El dato representa un desafío para la FED. Aunque la inflación general se aleja nuevamente del objetivo del 2%, la evolución de la inflación subyacente y de los servicios —que subieron 0.2% mensual y 3% anual— respalda una postura más paciente por parte del banco central.
La vivienda, uno de los componentes más relevantes del índice, avanzó 0.3% en marzo y 3% en términos anuales, manteniéndose en su nivel más bajo desde agosto de 2021.
Para muchos hogares, especialmente aquellos con alta dependencia del transporte diario, el impacto fue inmediato. El alza de la gasolina afecta directamente el costo de ir al trabajo y de operar pequeños negocios, algo clave en sectores como construcción, logística y servicios, donde una parte importante de la fuerza laboral está expuesta a estos costos. Aunque los alimentos se estabilizaron, el encarecimiento del combustible puede trasladarse rápidamente a otros precios.
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La FED gana tiempo en medio de presión sobre ingresos
El informe también reflejó una pérdida de poder adquisitivo. Los ingresos reales promedio cayeron 0.6% en el mes, ya que el aumento salarial de 0.2% no logró compensar la inflación. En términos anuales, el avance real fue de apenas 0.3%.
Tras el alto el fuego en abril, los precios de la energía comenzaron a moderarse, lo que podría aliviar las próximas lecturas de inflación. Esto refuerza la idea de que la FED podría mirar más allá del repunte puntual de marzo y centrarse en la tendencia subyacente.
Aun así, los mercados mantienen expectativas limitadas de recortes de tasas en 2026. La reacción inicial al informe fue contenida, con los futuros bursátiles ligeramente al alza y los rendimientos de los bonos del Tesoro mixtos, reflejando un escenario de cautela más que de cambio de rumbo inmediato.
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