Kone alcanzó un acuerdo para adquirir a la alemana TK Elevator en una transacción cercana a los $24,000 millones, que al incluir deuda eleva su valor total a unos $34,400 millones. La operación combinará efectivo y acciones, consolidando al grupo finlandés como el mayor fabricante de ascensores y escaleras mecánicas del mundo por ingresos.
La empresa resultante tendrá ventas anuales de aproximadamente $20,500 millones y una plantilla superior a 100,000 empleados. Superará así a competidores como Otis y Schindler en un mercado cada vez más concentrado.
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El acuerdo llega en un contexto de fuerte actividad corporativa. En el primer trimestre del año, las grandes fusiones alcanzaron niveles récord, impulsadas por compañías que continúan invirtiendo pese a la volatilidad derivada del conflicto en Oriente Medio.
Para Kone, la adquisición refuerza su estrategia de crecimiento en servicios, un segmento más estable que la venta de equipos nuevos. La compañía estima que el 65% de los ingresos combinados provendrá del mantenimiento y la modernización, con cerca de 3.2 millones de unidades bajo servicio.
Esta orientación tiene implicaciones directas en el empleo, especialmente en mercados como Estados Unidos y América Latina, donde la demanda de técnicos y servicios urbanos concentra una alta participación de trabajadores hispanos. Un mayor peso del negocio de servicios podría traducirse en oportunidades laborales más estables frente a la volatilidad del sector construcción.
Desde el punto de vista geográfico, la fusión complementa las fortalezas de ambas compañías: Kone tiene fuerte presencia en Asia, mientras TK Elevator está bien posicionada en América, con proyectos emblemáticos como el One World Trade Center en Nueva York.
Además, Kone proyecta sinergias anuales de unos $700 millones, apoyadas en eficiencias operativas y una red de servicio más densa. Esto podría mejorar márgenes en un negocio donde la escala es clave para competir.
La transacción también representa una salida relevante para el capital privado. TK Elevator es propiedad de un consorcio liderado por Advent y Cinven, que adquirieron la empresa en 2020 tras su escisión de Thyssenkrupp. En los últimos años, estos fondos han enfrentado dificultades para monetizar inversiones, por lo que este acuerdo marca un punto de inflexión.
No obstante, el proceso no está exento de riesgos. Analistas anticipan posibles objeciones regulatorias, especialmente en Europa, donde la reducción de cuatro grandes actores a tres podría derivar en exigencias de desinversión.
Kone espera cerrar la operación a partir del segundo trimestre de 2027, sujeto a aprobaciones regulatorias. De concretarse, la compañía no solo liderará el mercado global, sino que refuerza una tendencia clave: el negocio de infraestructura urbana se mueve hacia ingresos recurrentes, con impacto directo en costos de mantenimiento, tarifas y el gasto operativo de empresas y consumidores.








