El presidente Donald Trump viajará a China la próxima semana acompañado por altos ejecutivos de grandes corporaciones estadounidenses, en una visita que podría marcar avances clave en la relación económica entre ambas potencias.
Según CNBC, la directora ejecutiva de Boeing, Kelly Ortberg, y la CEO de Citigroup, Jane Fraser, formarán parte de la delegación. Ambas compañías mantienen intereses estratégicos en el mercado chino y podrían beneficiarse directamente de los encuentros previstos en Pekín.
Trump tiene programadas reuniones con el presidente Xi Jinping los días 14 y 15 de mayo, en un contexto donde las tensiones geopolíticas y comerciales siguen condicionando los negocios bilaterales.
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Boeing busca reactivar pedidos en China
Uno de los focos del viaje será el sector aeronáutico. Boeing se encuentra en negociaciones para cerrar una orden relevante de aviones con aerolíneas chinas, lo que pondría fin a varios años sin contratos de gran escala en ese país.
La compañía ha señalado recientemente que existe la posibilidad de un pedido significativo en el corto plazo. Sin embargo, el avance de cualquier acuerdo depende directamente del estado de las relaciones entre Washington y Pekín.
El contexto es competitivo. Airbus ha ganado terreno en China, incluyendo un acuerdo reciente con China Southern Airlines por 137 aeronaves A320 valoradas en aproximadamente $21,400 millones a precios de catálogo. En total, los pedidos acumulados desde 2025 superan los $55,000 millones, lo que evidencia la presión sobre Boeing para recuperar cuota de mercado.
Un eventual contrato con fabricantes estadounidenses sería clave para la empresa, que busca estabilizar su producción tras años marcados por problemas de seguridad y retrasos en entregas.
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Finanzas y geopolítica marcan la agenda
En el sector financiero, Citigroup también observa oportunidades. La entidad, con presencia histórica en China desde 1902, ha detectado un repunte en el interés de inversionistas por ese mercado, a pesar de la volatilidad global.
El viaje se produce además en un entorno internacional complejo. El conflicto en Medio Oriente ha elevado la incertidumbre y afecta indirectamente la relación entre ambas potencias, especialmente por el impacto en los flujos energéticos que China necesita para su economía.
Para empresas estadounidenses, incluidos muchos negocios vinculados a cadenas de suministro donde participan trabajadores hispanos, cualquier avance en la relación comercial entre EE.UU. y China puede traducirse en mayor estabilidad, inversión y empleo.
Al mismo tiempo, un eventual acuerdo en sectores como aviación o finanzas podría generar oportunidades indirectas en industrias relacionadas, desde manufactura hasta servicios, donde la comunidad latina tiene una presencia significativa.}
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