La carrera por desarrollar inteligencia artificial ya no se limita a asistentes virtuales o herramientas empresariales. Ahora, una nueva generación de robots humanoides está comenzando a abrirse paso en uno de los entornos más complejos y controvertidos del mundo: el campo de batalla.
Una startup estadounidense llamada Foundation Future Industries está impulsando esta visión con robots diseñados para operar en tareas militares y entornos de alto riesgo, una estrategia que la distingue dentro del creciente sector de la robótica avanzada.
La empresa, con sede en San Francisco, sostiene que la tecnología debe enfocarse en reemplazar a los seres humanos en trabajos peligrosos. Su fundador y director ejecutivo, Sankaet Pathak, lo resume de forma contundente: “Estoy convencido de que la tecnología está alcanzando un nivel en el que puede reemplazar trabajos que son peligrosos para los humanos”.
Foundation ganó notoriedad internacional tras enviar dos unidades de su robot Phantom MK-1 a Ucrania para realizar pruebas piloto. Según la compañía, se trata del primer despliegue conocido de robots humanoides en un escenario de combate real. Las pruebas se han centrado en tareas logísticas, especialmente en la recuperación y transporte de suministros en zonas de riesgo para los soldados.
Aunque los modelos actuales todavía presentan limitaciones, como una capacidad de carga cercana a 20 kilogramos y una autonomía reducida, la empresa ya trabaja en una versión mejorada. Pathak asegura que el próximo Phantom 2 tendrá “capacidades sobrehumanas” y duplicará la capacidad de carga de la generación anterior.
La elección de Ucrania no es casual. El conflicto con Rusia se ha convertido en un campo de pruebas para tecnologías emergentes como drones autónomos, sistemas de reconocimiento basados en IA y vehículos terrestres no tripulados. Los desarrolladores consideran que este entorno ofrece información valiosa sobre el desempeño de nuevas herramientas en condiciones reales de combate.
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¿Qué papel jugará Estados Unidos en esta nueva carrera tecnológica?
La compañía ya ha recibido contratos de investigación gubernamental por $24 millones para estudiar aplicaciones relacionadas con logística, inspección y manejo de armas en distintas ramas de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Además, Pathak afirmó que las conversaciones con funcionarios han evolucionado desde la investigación hacia posibles despliegues operativos. Su objetivo es comenzar pruebas con el ejército estadounidense en los próximos 12 a 18 meses.
La empresa también incorporó recientemente a Eric Trump como asesor principal de estrategia, una decisión que ha generado críticas políticas y cuestionamientos sobre posibles conflictos de interés. Sin embargo, Foundation sostiene que comparte con Washington el objetivo de fortalecer la capacidad manufacturera y tecnológica de Estados Unidos frente a la competencia de China.
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¿Estamos entrando en la era de la guerra autónoma?
El avance de estos sistemas también ha abierto un intenso debate ético. Expertos advierten que permitir que máquinas tomen decisiones autónomas en escenarios donde hay vidas humanas en juego plantea interrogantes que aún no tienen respuestas claras. Aun así, muchos analistas coinciden en que la automatización militar seguirá expandiéndose.
Para algunos investigadores, los robots humanoides podrían desenvolverse mejor que otros sistemas en entornos urbanos complejos, mientras que otros cuestionan sus costos y viabilidad frente a alternativas más simples. Lo que parece claro es que la inteligencia artificial ya está redefiniendo la seguridad nacional y la estrategia militar.
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