El dólar estadounidense alcanzó su nivel más alto en más de un año después del primer mensaje de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal, marcado por una postura más dura frente a la inflación y por nuevas expectativas de alzas en las tasas de interés.
El índice del dólar subió hasta los 100.71 puntos, su mayor nivel desde mayo de 2025, luego de que la FED mantuviera las tasas entre 3.50% y 3.75%, pero dejara claro que el debate sobre nuevos aumentos está vivo. 9 de los 19 miembros del Comité Federal de Mercado Abierto anticipan ahora una subida de tipos este año.
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El cambio sorprendió al mercado porque contrasta con la posición más moderada que la FED había mostrado en marzo. La nueva proyección ubica la tasa de fondos federales en 3.8% para finales de 2026, frente al 3.4% estimado tres meses antes.
La inflación también volvió al centro de las preocupaciones. La FED elevó su previsión del índice de gasto en consumo personal a 3.6% para este año, mientras que el PCE subyacente, una de las métricas más observadas por el banco central, fue revisado hasta 3.3%.
El impacto fue inmediato en las divisas. El euro cayó a $1.146, la libra bajó a $1.322 y el yen japonés se debilitó hasta 160.90 por dólar, su nivel más bajo desde julio de 2024. Japón incluso advirtió que está preparado para responder si la caída de su moneda continúa.
Aunque el acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán presionó a la baja los precios del petróleo y redujo parte de la demanda por activos refugio, el dólar se fortaleció por otra razón: el mercado cree que Warsh podría mantener una política monetaria más restrictiva de lo esperado.
La lectura para los inversionistas es clara: si la FED vuelve a inclinarse hacia tasas más altas, el dólar puede seguir ganando fuerza. La historia muestra que cuando el banco central endurece su tono, subestimar al billete verde suele ser un error costoso.
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¿Qué significa un dólar más fuerte para América Latina y su economía?
Un dólar más fuerte suele generar presión sobre las economías latinoamericanas porque encarece el pago de la deuda denominada en moneda estadounidense y aumenta el costo de las importaciones.
Países con alta dependencia de productos importados podrían enfrentar mayores presiones inflacionarias en los próximos meses.
Además, las tasas de interés más elevadas en Estados Unidos suelen atraer capitales hacia activos estadounidenses, reduciendo el flujo de inversiones hacia mercados emergentes. Esto puede provocar depreciaciones en monedas como el peso mexicano, el peso colombiano, el real brasileño o el peso chileno.
En el corto plazo, los bancos centrales de la región podrían verse obligados a mantener tasas de interés relativamente altas para evitar una salida de capitales y contener la volatilidad cambiaria.
También hay consecuencias positivas. Sectores exportadores en Latam podrían beneficiarse de monedas locales más débiles.
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