Google enfrenta dos desafíos simultáneos en su negocio de teléfonos inteligentes: demostrar que la inteligencia artificial puede transformar realmente la experiencia móvil y absorber el aumento de costos provocado por la escasez de componentes de memoria.
Rick Osterloh, responsable de dispositivos y servicios de Google, explicó a la prestigiosa cadena estadounidense CNBC que la industria atraviesa limitaciones de suministro tanto de memoria RAM como de almacenamiento flash. Esa situación está aumentando los costos de fabricación y podría trasladarse directamente a los consumidores mediante precios más elevados.
La compañía reconoce que sus propios dispositivos no estarán aislados de esa tendencia. Osterloh anticipó que el encarecimiento probablemente afectará a múltiples fabricantes de electrónica de consumo y señaló que Google también tendrá que ajustar sus precios.
El momento resulta especialmente importante porque la nueva generación de teléfonos Pixel representa una prueba para una estrategia que va más allá de vender hardware. Google quiere comprobar si asistentes de IA capaces de realizar tareas con mayor autonomía pueden modificar la forma en que las personas utilizan sus smartphones.
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La inteligencia artificial se convierte en la principal apuesta del Pixel
Google cuenta con una ventaja particular: controla tanto Android como buena parte de la tecnología de inteligencia artificial que está incorporando a sus dispositivos. Esa integración le permite experimentar con funciones que buscan convertir al teléfono en un asistente más activo, en lugar de limitarlo a responder preguntas o ejecutar instrucciones individuales.
El desafío será demostrar que esas capacidades justifican un posible aumento de precio. Si los componentes continúan encareciéndose, los consumidores tendrán que evaluar no solamente mejoras tradicionales como cámaras, pantallas o procesadores, sino también cuánto valor aportan las nuevas herramientas de IA.
Para hogares hispanos que dependen ampliamente del smartphone para trabajar, administrar pequeños negocios, realizar compras y mantenerse comunicados con familiares dentro y fuera de Estados Unidos, precios más elevados pueden extender los ciclos de reemplazo. Esto aumenta la presión sobre fabricantes como Google para ofrecer mejoras suficientemente relevantes antes de convencer al consumidor de actualizar su dispositivo.
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Apple prepara una prueba de IA a una escala mucho mayor
Google tampoco tendrá demasiado tiempo para evaluar su estrategia sin una comparación directa. Apple prepara su propia apuesta por funciones de inteligencia artificial en el iPhone, pero parte de una posición diferente por el tamaño de su ecosistema.
Según Counterpoint, Apple contará con la mayor base instalada de smartphones compatibles con inteligencia artificial generativa que ya están en manos de consumidores. Esa escala podría acelerar la adopción de nuevas funciones y proporcionar una referencia importante para determinar si los asistentes más autónomos generan un cambio duradero en el uso de los teléfonos.
La competencia, por tanto, no dependerá únicamente de quién incorpore más funciones. Google y Apple tendrán que demostrar que la IA ofrece suficiente utilidad cotidiana para compensar una etapa en la que fabricar teléfonos será más costoso.
La escasez de memoria añade así una variable económica a la carrera tecnológica. Si los precios suben en toda la industria, la capacidad de justificar ese costo mediante experiencias de IA útiles podría convertirse en un factor decisivo para fabricantes y consumidores.
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