El presidente Donald Trump amenazó con imponer nuevos aranceles a la Unión Europea o restringir el comercio con el bloque si considera hostil la propuesta de convertir a Canadá en su primer “miembro asociado”.
“Creo que es ridículo”, declaró Trump a periodistas. El mandatario agregó: “Si considero que es un acto hostil, impondré aranceles muy severos o dejaré de comerciar con Europa en muchas cosas”. También matizó que “si es con buena intención, está bien”, pero advirtió que una intención negativa provocaría fuertes gravámenes.
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¿Por qué la Unión Europea quiere convertir a Canadá en miembro asociado?
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, planteó públicamente abrir la puerta para que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la UE, aunque esa categoría todavía no existe formalmente en los tratados europeos.
“Quiero trabajar con usted para abrir la puerta a que Canadá sea el primer miembro asociado de la UE”, afirmó von der Leyen ante el primer ministro Mark Carney.
La propuesta ampliaría la cooperación en manufactura avanzada, tecnología, defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, computación cuántica, ciberseguridad y el Ártico. “Esta es una asociación no contra nadie, sino para nuestra fortaleza común”, explicó von der Leyen.
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¿Qué impacto tendría una nueva guerra arancelaria entre Estados Unidos y Europa?
La amenaza introduce incertidumbre sobre el marco comercial alcanzado entre Washington y Bruselas, que estableció un límite arancelario de 15% para la mayoría de las exportaciones europeas hacia Estados Unidos.
Canadá, entretanto, intenta diversificar sus mercados y reducir su exposición económica a Estados Unidos. Su acercamiento a Europa profundizaría vínculos existentes bajo CETA y podría redirigir inversiones y cadenas de suministro hacia sectores estratégicos.
Para empresas y consumidores estadounidenses, incluidos negocios hispanos vinculados con importaciones, logística y manufactura, nuevos aranceles europeos podrían significar mayores costos y alteraciones comerciales.
El alcance económico dependerá ahora de si Bruselas transforma la propuesta política en un acuerdo concreto. Cualquier nueva estructura deberá definir qué beneficios comerciales, regulatorios y estratégicos recibiría Canadá sin convertirse formalmente en miembro pleno de la Unión Europea.
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