La industria de la naranja de Florida enfrenta una carrera contra el tiempo. Su producción se ha desplomado 95% desde la llegada del citrus greening, una enfermedad incurable que debilita los árboles, provoca la caída prematura de la fruta y altera su sabor.
Solo el año pasado dejaron de producir 60,000 acres, equivalentes al 26% de los naranjales restantes. Cerca de medio millón de acres permanecen inactivos y parte de las antiguas plantaciones ha terminado convertida en terrenos ganaderos o desarrollos inmobiliarios.
Ahora, dos tecnologías aprobadas este año por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) ofrecen una posible salida. Florida también está destinando $330 millones durante dos años para impulsar la recuperación del sector.
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¿Cómo podrían CRISPR y una nueva tecnología viral salvar las naranjas de Florida?
La primera alternativa utiliza edición genética CRISPR. Soilcea desarrolló portainjertos modificados para resistir la bacteria responsable de la enfermedad. Según datos presentados ante la EPA, serían miles de veces más resistentes que los árboles tradicionales.
Agromillora ya cultiva más de 1 millón de estos árboles, mientras productores han reservado cientos de miles para comenzar a plantarlos en primavera.
La segunda estrategia, desarrollada por Silvec, intenta proteger árboles existentes mediante un virus inofensivo que produce continuamente péptidos antibacterianos. Las pruebas han aumentado al menos 100 veces los niveles del péptido y reducido las bacterias en los árboles tratados en 90% o más.
La tecnología podría incluso administrarse mediante un pequeño parche colocado en el tronco.
“Este es el futuro de nuestra industria”, afirmó públicamente Fran Becker, vicepresidenta sénior de Peace River Citrus Products.
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¿Puede Florida recuperar una industria que también está perdiendo trabajadores y consumidores?
La tecnología no resuelve inmediatamente el problema económico. Las primeras naranjas de los nuevos árboles necesitarán aproximadamente dos años para estar listas para producir jugo, mientras la infraestructura del sector continúa desapareciendo.
Peace River es una de apenas cuatro compañías que todavía procesan naranjas de Florida para jugo, frente a un máximo de 54 durante la década de 1980. La industria también perdió más de la mitad de su fuerza laboral entre 2003-04 y 2020-21, según investigaciones de la Universidad de Florida.
“Lo que realmente necesitamos es que la gente regrese al sector. Si no lo hacemos, me preocupa el futuro”, advirtió Becker.
La recuperación enfrenta otro desafío: encontrar compradores. Más de 90% de las naranjas de Florida se destinan al jugo, pero su consumo se ha reducido a menos de la mitad desde el inicio de la crisis, presionado por precios elevados y bebidas alternativas.
El impacto alcanza especialmente a comunidades agrícolas y trabajadores hispanos vinculados al cultivo, procesamiento y logística. Si las nuevas tecnologías funcionan a escala comercial, podrían recuperar empleos y producción, pero Florida deberá reconstruir simultáneamente sus huertos, su cadena industrial y la demanda del consumidor.
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