Empresarios, abogados e inversionistas cubanoamericanos llevan meses reuniéndose discretamente en Miami para diseñar planes económicos y políticos que podrían activarse si termina el actual sistema de gobierno en Cuba, según una investigación de The Wall Street Journal. Los proyectos incluyen una bolsa de valores, reconstrucción de aeropuertos, nuevas fuentes de electricidad y hasta un gobierno provisional.
El movimiento ocurre mientras la administración de Donald Trump mantiene una estrategia de presión sobre La Habana. Sin embargo, el cambio político que algunos sectores anticipaban para 2026 no se ha producido y funcionarios estadounidenses han comenzado a manejar plazos más largos, de acuerdo con el Journal.
¿Cuánto dinero necesitaría Cuba para reconstruir su economía?
Jorge Mas, multimillonario copropietario del Inter Miami y presidente de la Fundación Nacional Cubanoamericana, dijo que reconstruir Cuba podría requerir $90,000 millones durante los primeros tres años de una transición. Según Jorge Mas, Trump llegó a preguntarle cuánto costaría recuperar la isla.
Los proyectos ya discutidos muestran la escala de las ambiciones. El arquitecto Willy Bermello reúne cada dos semanas a ejecutivos de aerolíneas, aeropuertos y fondos de inversión para desarrollar un plan de aproximadamente $8,000 millones destinado a modernizar ocho aeropuertos cubanos.
Otros grupos estudian centrales eléctricas flotantes, reparación de infraestructura y mecanismos para atraer bancos y grandes compañías estadounidenses. La Cámara Nacional de Comercio Cubanoamericana incluso prepara planes para una futura bolsa cubana y una cumbre de inversión en La Habana.
También reaparece un asunto económicamente complejo: las propiedades confiscadas después de la revolución de 1959. Bufetes de Miami están recibiendo consultas de familias interesadas en posibles compensaciones, un proceso que podría generar disputas legales sobre propiedad y restitución.
¿Quién gobernaría Cuba si se produjera una transición?
La planificación va más allá de las inversiones. Mas trabaja con la Asociación de Abogados Cubanoamericanos en un borrador que contempla un gobierno transitorio de hasta dos años antes de celebrar elecciones. Otros participantes debaten si debería restablecerse temporalmente la Constitución cubana de 1940.
Estos son planes elaborados por grupos privados y no significan que exista una transición acordada ni que la caída del gobierno cubano sea inminente. La Habana continúa rechazando cambios políticos exigidos por Washington, mientras observadores advierten que décadas de dificultades económicas no han producido una oposición organizada capaz de desplazar al gobierno.
La situación económica, entretanto, sigue deteriorándose. Cuba ha sufrido apagones nacionales recurrentes y graves restricciones energéticas; uno de los más recientes volvió a dejar a millones de personas sin electricidad.
Para Miami, una eventual apertura tendría enormes implicaciones. La comunidad cubanoamericana podría convertirse en una fuente importante de capital, conocimiento empresarial y conexiones comerciales, pero la composición de cualquier transición y el papel de los nueve millones de residentes de la isla continúan siendo cuestiones abiertas.
El contraste define el momento: en Miami ya se calculan inversiones multimillonarias para una Cuba diferente, mientras en la isla el gobierno permanece en el poder y no existe un calendario verificable para un cambio político.
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