Las acciones de Intel cayeron en picada apenas se conocieron sus nuevas proyecciones. La promesa de un renacer con nuevo liderazgo arrancó con una dura realidad.
La compañía superó las expectativas en el primer trimestre, reportando ingresos de $12,670 millones y ganancias ajustadas de 13 centavos por acción. Pero todo se vino abajo con la guía para el segundo trimestre: ingresos de apenas $11,800 millones y ganancias que apenas alcanzarán el punto de equilibrio, cuando el mercado esperaba al menos 6 centavos por acción.
El nuevo CEO, Lip-Bu Tan, fue claro: “No hay soluciones rápidas mientras trabajamos para volver al camino de ganar participación de mercado e impulsar un crecimiento sostenible”. Los desafíos son múltiples: pérdida de cuota en procesadores, retraso en chips de IA frente a Nvidia, y una estrategia de fundición aún sin consolidarse.
La pérdida neta del trimestre fue de $800 millones, el doble que hace un año. Y los recortes ya están en marcha. Tan confirmó que Intel recortará su plantilla y reducirá gastos: $17,000 millones en operativos y $18,000 millones en capital para 2025, por debajo de sus metas previas. “Estos cambios cruciales reducirán el tamaño de nuestra plantilla”, afirmó el CEO en un mensaje a los empleados, adelantando que los despidos comenzarán de inmediato.
En medio de la reestructuración, Tan también ordenó que todos los empleados trabajen presencialmente cuatro días a la semana a partir de septiembre. La reorganización alcanza incluso a la cúpula: el director de redes, Sachin Katti, fue nombrado jefe de IA y tecnología.
Intel se reestructura, pero el mercado exige más que promesas. Exige resultados.
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