Hay un nuevo jugador en la mesa que no está dispuesto a conformarse con cuotas a plazos ni promociones sin intereses.
Klarna, la fintech sueca que conquistó a millones con su modelo de “compra ahora, paga después”, ha dado un giro inesperado. La empresa anunció que está probando en Estados Unidos su propia tarjeta de débito, Klarna Card, como parte de una ambiciosa estrategia para transformarse en un neobanco con presencia global. El lanzamiento nacional en EE. UU. ya está en marcha, y Europa lo verá hacia finales de este año.
La Klarna Card no es una tarjeta común. Aunque funciona por defecto como una tarjeta de débito, integra Visa Flexible Credential, lo que permite a los usuarios elegir entre débito, crédito o los servicios “Pagar en 4” y “Pagar en 30 días”. Además, la tarjeta incluye una cuenta respaldada por depósitos asegurados por la FDIC, ofrecida a través de su alianza con WebBank.
Lejos de limitarse a sus productos tradicionales, Klarna quiere convertirse en una alternativa completa a los bancos. “Somos básicamente un neobanco en gran medida, pero la gente aún nos asocia fuertemente con la compra inmediata y el pago posterior”, declaró Sebastian Siemiatkowski, CEO de la compañía, en una entrevista con la CNBC.
Con este movimiento, Klarna apunta a posicionarse como una plataforma similar a PayPal, combinando funciones de billetera digital con herramientas de banca moderna.
La competencia es feroz. En EE. UU., Klarna se enfrenta a gigantes como JPMorgan Chase y Bank of America, además de fintechs consolidadas como Chime. Aunque aún no cuenta con una licencia bancaria estadounidense, Klarna insiste en que puede operar legalmente gracias a su estructura regulatoria y asociaciones estratégicas. Si su apuesta resulta exitosa, podría reconfigurar el panorama de la banca digital y alterar el juego para siempre.
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