La atención global estaba puesta en Río de Janeiro mientras los líderes del BRICS debatían sobre comercio internacional y reformas del sistema financiero. A cientos de kilómetros, desde su plataforma Truth Social, Donald Trump detonó una nueva amenaza comercial que dejó a más de un país en alerta.
“Cualquier país que se alinee con las políticas antiamericanas de los BRICS se verá obligado a aplicar un arancel adicional del 10%. No habrá excepciones a esta política”, escribió el presidente de EE. UU. el domingo por la noche, sin especificar qué acciones concretas constituirían tal alineación. Lo cierto es que la declaración del grupo —criticando “el aumento indiscriminado de aranceles recíprocos”— parece haber sido el detonante.
Para Stephen Olson, ex negociador comercial de EE. UU., el mensaje de Trump alude a “un deseo expresado por los miembros del BRICS de ir más allá de un orden mundial liderado por Estados Unidos”. El bloque, que ahora incluye a Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Indonesia e Irán, ha dejado claro su interés por sustituir el dominio del dólar y desafiar las instituciones globales tradicionales.
Desde Beijing, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores reaccionó: “China se ha opuesto firmemente a cualquier guerra arancelaria o comercial… imponer aranceles arbitrariamente no beneficia a ninguna de las partes”.
Trump, por su parte, confirmó que desde este lunes se enviarán cartas con detalles de las nuevas tasas. Según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, los aranceles entrarán en vigor el 1 de agosto para quienes no lleguen a acuerdos. “Si quieren acelerar el proceso, adelante”, advirtió.
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