Mientras la industria farmacéutica global recalcula su hoja de ruta frente a las presiones arancelarias de la administración Trump, AstraZeneca da un paso contundente. La compañía anunció este lunes un ambicioso plan de inversión de $50,000 millones en Estados Unidos hasta 2030, enfocado en expandir su capacidad de producción y desarrollo biofarmacéutico.
La iniciativa incluye la construcción de una instalación de última generación en Virginia dedicada a su portafolio de medicamentos metabólicos, incluyendo su píldora GLP-1 para el control de peso. Según el comunicado, esta será la mayor inversión individual de fabricación en la historia de la firma y “aprovechará la inteligencia artificial, la automatización y el análisis de datos para optimizar la producción”.
El CEO Pascal Soriot afirmó que este compromiso refleja la “creencia de la empresa en la innovación estadounidense en productos biofarmacéuticos”. El objetivo: alcanzar $80,000 millones en ingresos anuales para 2030, con la mitad provenientes del mercado estadounidense.
La expansión también abarcará centros de investigación y fabricación en Maryland, Massachusetts, California, Indiana y Texas, y generará “decenas de miles de puestos de trabajo”. La decisión se produce mientras se espera la conclusión de una investigación bajo la Sección 232 sobre la industria farmacéutica, que podría dar lugar a aranceles de hasta 200%.
Soriot no mencionó directamente los nuevos aranceles, pero el momento no pasó desapercibido. En noviembre, poco después de las elecciones, AstraZeneca ya había anunciado una inversión de $3,500 millones. Además, la posibilidad de trasladar su cotización bursátil a EE. UU. sigue sobre la mesa, aunque la compañía declinó comentar al respecto.
En un contexto donde otras firmas como Novartis, Sanofi y Johnson & Johnson también redoblan su apuesta por EE. UU., AstraZeneca marca la pauta con la mayor jugada hasta ahora.
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