La noche del jueves estuvo cargada de tensión en la televisión estadounidense. En el Teatro Ed Sullivan de Nueva York, Stephen Colbert abrió su programa con un mensaje directo: “Soy su anfitrión, Stephen Colbert, pero esta noche todos somos Jimmy Kimmel”. Sus palabras, que recibieron una ovación del público, marcaron el tono de un monólogo que denunció la suspensión de su colega por parte de ABC, bajo presión política.
La cadena retiró “Jimmy Kimmel Live!” después de los polémicos comentarios del presentador sobre la muerte del activista conservador Charlie Kirk, vinculando al presunto asesino con el movimiento MAGA.
Colbert calificó la medida como “censura flagrante” y advirtió: “Con un autócrata no se puede ceder ni un ápice”. El presidente Donald Trump celebró la suspensión y fue más allá, sugiriendo que la FCC debería revocar las licencias de las cadenas que “están en su contra”.
El presidente de la FCC, Brendan Carr, había insinuado que la licencia de ABC estaba en riesgo si no actuaba contra Kimmel, algo que Colbert denunció como “órdenes de marcha”. Otros referentes del entretenimiento, como David Letterman, también criticaron duramente la situación, calificándola de “ridícula” y recordando que decisiones así “ponen en riesgo la democracia”. Jon Stewart también alteró su calendario en “The Daily Show” para dedicar un episodio a este tema, y Jimmy Fallon expresó que Kimmel es “un tipo decente, divertido y cariñoso”, deseando su pronto regreso.
Mientras tanto, en las calles de Nueva York y en Burbank, manifestantes gritaron consignas como “Kimmel se queda, Trump debe irse”, en defensa de la libertad de expresión. Para muchos, la controversia no es solo sobre un comediante suspendido, sino sobre el futuro del debate público en Estados Unidos.}
CBS confirmó que “The Late Show with Stephen Colbert” será cancelado en mayo de 2026, alegando motivos financieros y el difícil panorama de la televisión nocturna. Aunque la cadena negó vínculos con sus críticas políticas o con Paramount, la decisión despertó polémica, ya que Colbert había cuestionado públicamente a la compañía y su relación con Donald Trump. El sindicato de guionistas pidió investigar posibles influencias indebidas, mientras seguidores y figuras políticas advirtieron que la cancelación podría interpretarse como un golpe a la libertad de expresión en medio de tensiones crecientes entre medios y poder político.
Entre la comunidad latina residente en EE. UU., estos episodios generan una preocupación adicional: la posibilidad de que los medios se vean sometidos a presiones políticas podría limitar espacios donde se visibilizan los problemas que afronta la comunidad hispana residente en Estados Unidos y como señalaron algunos asistentes a las protestas, “cuando callan a los humoristas, lo que sigue es silenciar a las minorías”.
Otros referentes del entretenimiento, como David Letterman, también criticaron duramente la situación, calificándola de “ridícula” y recordando que decisiones así “ponen en riesgo la democracia”.
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