A veces, el destino se cocina lentamente entre platos servidos y sueños que parecen imposibles. En 2003, un adolescente inquieto servía helados en un restaurante Friendly’s de Filadelfia sin imaginar que, dos décadas después, sería el dueño de toda la cadena. Su historia parece sacada de una película, pero Amol Kohli la escribió trabajando sin descanso.
Kohli, que ganaba $5 por hora en aquel entonces, desempeñó casi todos los roles del restaurante: cocinero, lavaplatos, repartidor o camarero. Con el paso de los años, su curiosidad por entender cómo funcionaba el negocio lo llevó a estudiar finanzas y marketing en la Universidad de Drexel, mientras pasaba los veranos entre cajas registradoras y bandejas. “Aprendí sobre seguros, nóminas, costos de comida… lo que realmente sostiene a un restaurante”, recordó.
Tras graduarse con honores en 2011, rechazó la estabilidad de las finanzas corporativas para asumir un puesto de gerente regional en Friendly’s. Poco después, se arriesgó a comprar una franquicia que estaba cerrando, invirtiendo cerca de $250,000 entre ahorros, préstamos y apoyo de amigos. “Así empezó mi carrera como franquiciador. Y a partir de ahí, no paré”, afirmó.
En 2020, cuando la pandemia llevó a Friendly’s a declararse en bancarrota, Kohli vio una oportunidad. Fundó su grupo de inversión, Legacy Brands International, y en julio de 2024 adquirió la cadena junto con su matriz, Brix Holdings, y seis marcas más, sumando más de 250 restaurantes en todo EE.UU. “Fue una alineación de fe, apoyo y buena voluntad”, explicó Kohli.
Ahora, a sus 37 años, el antiguo camarero se enfrenta al reto de revivir una marca que pasó de más de 800 locales en los años 90’s a poco más de 100. Su meta es modernizar Friendly’s y demostrar que, en esta industria, también se puede empezar fregando platos y terminar dirigiendo la mesa principal.
La historia de Amol Kohli demuestra que el éxito no siempre requiere un comienzo privilegiado, sino visión y constancia. En tiempos donde muchos buscan resultados inmediatos, su ejemplo enseña que cada dólar ahorrado, cada decisión calculada y cada oportunidad aprovechada pueden convertirse en el cimiento de un imperio personal. La lección es clara: el verdadero crecimiento financiero nace de invertir no solo dinero, sino esfuerzo, disciplina y una mentalidad que vea más allá del presente.
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