Apple vuelve a estar en el centro de las conversaciones digitales, no por un nuevo iPhone o una actualización tecnológica, sino por un accesorio que ha dividido al público entre el asombro y la burla. En medio de un mercado que cuestiona los límites entre funcionalidad y lujo, la compañía ha lanzado un producto que, más que un complemento, parece una declaración de estilo.
El nuevo iPhone Pocket, presentado el 11 de noviembre, es una funda tejida en 3D con un precio inicial de $150, mientras que su versión larga alcanza los $230. Fabricada en nailon y poliéster elásticos, fue creada en colaboración con la casa japonesa Issey Miyake, responsable de los icónicos jerséis de Steve Jobs. Según Apple, la funda “inspirada en un trozo de tela” puede llevarse cruzada, en la mano o atada a otro bolso, y se adapta a cualquier tamaño de iPhone.
El ingeniero de software Andrew Yaros criticó el lanzamiento en LinkedIn al señalar: “Seré el primero en dar la bienvenida a que Apple recupere algo de diversión y fantasía en su línea de productos, y esta no es la manera de hacerlo”. Otros, como el creador Varun Mayya, ironizaron que tras “años desarrollando uno de los teléfonos más avanzados del planeta, Apple lanza un accesorio que te permite llevarlo encima”, destacando la fuerza de la marca para “venderte casi cualquier cosa”.
En redes sociales, algunos usuarios compararon el iPhone Pocket con las iPod Sock de 2004, un paquete de seis fundas que se vendía por apenas $30. Mientras muchos tacharon el nuevo producto de “calcetín de lujo”, otros defendieron su estética minimalista y su valor artístico. “Me encantan las cosas bonitas y originales como esta”, escribió un usuario de Reddit, evocando nostalgia por la era más lúdica de Apple.
Más allá del debate, el iPhone Pocket refleja el poder cultural de Apple: una empresa capaz de convertir un simple accesorio en tema global, reafirmando que su mayor producto sigue siendo su propia marca.
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