Mientras el país intenta retomar la normalidad tras el prolongado cierre del gobierno, nuevas preocupaciones surgen sobre las consecuencias económicas que podría dejar este episodio histórico. En el centro del debate está la posibilidad de que dos de los indicadores más seguidos por Wall Street y la Reserva Federal —el informe de empleo y el índice de precios al consumidor (IPC)— nunca lleguen a publicarse.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que el estancamiento político “podría haber dañado de forma permanente el sistema estadístico federal”, advirtiendo que “probablemente nunca se publiquen los informes del IPC y del empleo de octubre”. En su declaración, señaló que esta alteración de los datos “dejará a nuestros responsables políticos de la Reserva Federal actuando a ciegas en un momento crítico”.
El cierre, que se prolongó más de seis semanas —el más largo en la historia del país—, paralizó agencias clave como la Oficina de Estadísticas Laborales, responsable de los informes de nóminas no agrícolas, inflación, ventas minoristas y balanza comercial. Leavitt culpó directamente a los demócratas por “dificultar que economistas, inversores y responsables políticos recibieran datos gubernamentales cruciales”.
Horas antes, Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, advirtió que el cierre podría reducir el crecimiento económico del cuarto trimestre “hasta en 1.5 puntos porcentuales”, mientras que Leavitt elevó esa estimación a “2 puntos porcentuales”. Sin embargo, varios analistas discrepan. Goldman Sachs aumentó sus previsiones de crecimiento del PIB anual al 1.3% y espera un impacto “limitado” en la calidad de los datos laborales.
El economista Jeffrey Roach, de LPL Financial, explicó que la recopilación de cifras de empleo podría retomarse sin mayores complicaciones, aunque advirtió que “las encuestas cualitativas más sutiles no se pueden replicar”. Según él, el problema radica en la información perdida durante los periodos en los que las agencias permanecieron cerradas.
Aun cuando los expertos confían en que la economía mantenga su impulso, la falta de datos confiables subraya una fragilidad institucional preocupante: sin estadísticas precisas, incluso los responsables más experimentados podrían verse obligados a navegar a ciegas en medio de la incertidumbre económica.
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