La presión sobre los costos laborales, la desaceleración del consumo y la pugna política han puesto a la industria de comida rápida de California en el centro del debate nacional. En medio de ese escenario, nuevas declaraciones desde Washington vuelven a encender la discusión sobre si el piso salarial estatal está dañando a los negocios o si, por el contrario, ha traído beneficios visibles para miles de trabajadores.
Una industria bajo presión, pero lejos del colapso
Durante el McDonald’s Impact Summit, el presidente Donald Trump acusó al gobernador Gavin Newsom de estar “asediando el salario mínimo”, aludiendo al aumento a $20 por hora para trabajadores de comida rápida. Sin embargo, los datos disponibles muestran un panorama menos dramático que el descrito por la Casa Blanca. Investigaciones recientes señalan que la rotación de personal ha disminuido, no se han visto cierres masivos y las cadenas siguen abriendo locales en California.
El ajuste salarial —un 25% por encima del mínimo estatal— forma parte de una ley que también creó un consejo sectorial con autoridad para recomendar normas y potencialmente elevar el salario cada año. Para Kerri Harper-Howie, quien dirige 25 McDonald’s en Los Ángeles, el problema no es la idea de un salario justo: “Creo firmemente que todos deberían tener derecho a un salario justo… lo que mis colegas y yo tenemos en esta industria es que fuimos objeto de persecución”.
Los operadores señalan que el reto surge al combinar salarios más altos con, por otra parte, el aumento del costo de los insumos y la caída en el consumo. Harper-Howie reconoce haber subido precios “menos del 10%”, pero advierte que ir más allá sería difícil para los consumidores de bajos ingresos. Otros, como Harshraj Ghai —operador de más de 200 locales—, han subido entre 10% y 12% y aún así han tenido que cerrar alrededor de 10 restaurantes en el último año y medio.
Los trabajadores ven beneficios tangibles
Para empleados como Zane Marte, el aumento salarial fue decisivo: “pude ofrecer más apoyo a mi familia”, contó. Estudios de la Universidad de California en Berkeley muestran que antes de la ley, el salario promedio era de $17.13, por lo que el salto real fue cercano al 17%. La Universidad de Kentucky encontró una caída en la contratación, pero también una reducción significativa en la rotación, lo que compensó parcialmente el efecto en el empleo.
Incluso con los desafíos, California sigue siendo un mercado atractivo: el estado sumó 2,300 restaurantes de comida rápida entre 2024 y 2025, un crecimiento del 5%, superior al promedio nacional. El camino por delante seguirá marcado por ajustes y tensiones, pero los datos sugieren que el impacto del salario mínimo es más complejo que una simple amenaza al negocio: refleja una transformación que aún se está escribiendo en tiempo real.
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