Buscar un lugar para vivir suele ser un proceso cargado de expectativas, pero también de evaluaciones silenciosas que no siempre juegan a favor del solicitante. En un contexto económico cambiante, ciertos antecedentes financieros pueden pesar más de lo esperado y convertirse en un obstáculo inesperado al intentar alquilar una vivienda.
Expertos financieros advierten que estar atrasado en el pago de préstamos estudiantiles puede dificultar la aprobación por parte de administradores de propiedades. “La morosidad es una mala señal para la solvencia crediticia y los propietarios pueden optar por no alquilar a posibles inquilinos que estén teniendo dificultades para pagar su deuda estudiantil”, explicó Joel Berner, economista senior de Realtor.com.
El problema es cada vez más común: el porcentaje de solicitantes de alquiler con más de 90 días de mora en su deuda educativa pasó del 15% en enero al 32% en mayo, según TransUnion. Además, el 45% de los prestatarios federales asegura que su deuda ha afectado negativamente sus planes de vivienda, de acuerdo con el Institute for College Access & Success.
Más de 42 millones de estadounidenses mantienen préstamos estudiantiles, con un saldo pendiente que supera los $1.6 billones. El Departamento de Education estima que más de 5 millones de prestatarios están actualmente en mora, cifra que podría escalar hasta cerca de 10 millones.
Estrategias para enfrentar el rechazo inmobiliario y mejorar las posibilidades
La deuda estudiantil puede afectar el alquiler porque, cuando los pagos están atrasados, daña directamente el historial crediticio, uno de los principales criterios que usan los propietarios para evaluar a un inquilino. Una morosidad prolongada reduce el puntaje, lo que puede interpretarse como riesgo de impago del alquiler, incluso si la persona tiene ingresos estables. En un mercado donde los administradores buscan minimizar riesgos, un mal reporte crediticio puede ser suficiente para negar una solicitud, encarecer el depósito o exigir garantías adicionales.
Betsy Mayotte, presidenta del Institute of Student Loan Advisors, recomienda demostrar que se están tomando medidas concretas. “Pueden intentar proporcionar pruebas de que están inscritos en programas e incluir información sobre cómo los programas los pusieron nuevamente en regla”, señaló, en referencia a planes de aplazamiento, rehabilitación o consolidación existentes. También aconseja ser transparente. “Sea sincero sobre su mal historial crediticio”, dijo Amanda Push, editora adjunta de LendingTree, quien recordó que algunos puntajes pueden caer hasta 171 puntos, según estimaciones de la Federal Reserve.
Otros expertos sugieren resaltar fortalezas como ingresos estables, historial positivo de alquiler o referencias previas. Un analista de Bankrate, explicó que muchos propietarios buscan puntajes superiores a 600, aunque “un propietario considerado sabrá que un puntaje de crédito bajo no refleja el panorama completo”. Alternativas como contar con un garante o negociar condiciones también pueden marcar la diferencia.
En un mercado donde la deuda estudiantil se ha vuelto un factor estructural, la combinación de información, diálogo y acciones concretas puede abrir puertas que, a primera vista, parecen cerradas.
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