Tras años marcados por crisis técnicas, regulatorias y financieras, Boeing comienza a mostrar señales más claras de estabilización, apoyado en un aumento significativo de entregas y una mejora sustancial en su desempeño operativo.
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La compañía reportó ingresos de $23,900 millones en el cuarto trimestre de 2025, un alza de 57% frente al mismo periodo de 2024 y por encima de las expectativas de Wall Street. El flujo de caja alcanzó $400 millones, casi el doble de lo previsto por los analistas. El CEO Kelly Ortberg aseguró a sus empleados que la empresa avanza con firmeza y que existen “muchos motivos para ser optimistas” de cara a 2026, aunque advirtió que “con el progreso llegan las expectativas”.
Boeing superó las previsiones en aviación comercial, con ingresos de $11,380 millones, casi 140% más interanual, mientras que su división de defensa creció 37%, hasta $7,420 millones. Las ganancias por acción reportadas fueron de $9.92, impulsadas en parte por la venta de su unidad Jeppesen. Durante 2025, el fabricante entregó 600 aviones, la cifra más alta desde 2018, un factor clave ya que los clientes pagan la mayor parte del precio al momento de la entrega.
Pese a la mejora, la compañía aún enfrenta retos importantes. Boeing necesita autorización de la FAA para aumentar la producción del 737 Max y sigue pendiente la certificación de los modelos Max 7, Max 10 y el 777X. Además, persisten retrasos en su negocio de defensa, incluido el programa del próximo Air Force One.
El repunte financiero devuelve algo de oxígeno a Boeing, pero el verdadero desafío será sostener el ritmo, cumplir plazos regulatorios y convertir el optimismo en una recuperación duradera.
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