En los pasillos de Davos no solo se reparten tarjetas y promesas: también se redefine el tono con el que los gobiernos negocian, presionan y venden sus prioridades. En Comercio TV, el analista Daniel Lacalle sostuvo que el Foro dejó señales de un cambio de era, mientras inversores y empresas tratan de distinguir entre titulares estridentes y efectos económicos reales.
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“America First” como mensaje al mercado
Lacalle afirmó que lo visto en Davos fue “la evidencia de cómo se está desmontando lo que ha sido” dominado por recetas de “multilateralismo”, “aumento del gasto público”, “aumento de los impuestos” y “aumento de la intervención”. En su lectura, el presidente Donald Trump intentó reposicionar el concepto sin aislarse: “America first no significa que nos olvidemos del resto del mundo, significa cooperar, significa llegar a acuerdos”.
Ese giro, dijo, impacta a Europa y a sus propias rigideces: Trump “quiere que le vaya bien a la Unión Europea”, pero a la UE “le va mal por culpa de sus propias regulaciones”. Para Lacalle, el mercado ya aprendió que el ruido político no siempre cambia la tendencia: “Los índices alcanzan máximos” y los inversores miran resultados, inversión y expectativas, aunque admitió que “hay mucha incertidumbre” por los titulares.
Groenlandia, aranceles y el voto económico
Sobre Groenlandia, Lacalle criticó lo que llamó una exageración mediática: “Se ha exagerado de manera muy agresiva”. Rechazó la idea de una imposición por la fuerza y planteó un marco binario: “Solamente hay dos opciones en Groenlandia… Opción número uno… tutelada y apoyada por Estados Unidos… Opción número dos, que China y Rusia… tomen el control”.
En materia comercial, sostuvo que los aranceles operan más como herramienta de presión que como destino final: “Claramente es una táctica negociadora”. Donde sí ve fricción es en la operativa empresarial: “El mayor daño está claramente en… las cadenas de suministro”, por los problemas de capital circulante y ajustes logísticos.
De cara a 2026, Lacalle cree que la batalla política se decidirá por “affordability”, es decir, qué tanto siente el ciudadano el alivio en vivienda, gasolina y básicos. Advirtió que la inflación “no significa bajada de precios”, y que sin mejoras palpables el desgaste se acelera.
Al final, su mensaje fue menos sobre discursos y más sobre percepción: la economía puede avanzar, pero si no se traduce en tranquilidad cotidiana, el ruido terminará imponiéndose al dato.
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