Durante más de medio siglo, su voz resonó en iglesias, marchas y escenarios políticos como un llamado constante a la justicia. Este martes, esa voz se apagó, cerrando un capítulo central en la historia contemporánea de los derechos civiles en Estados Unidos.
El reverendo Jesse Jackson, ministro bautista, líder histórico del movimiento por los derechos civiles y dos veces candidato presidencial demócrata, falleció a los 84 años. Su familia confirmó la noticia en un comunicado en el que destacó que murió en paz, rodeado de sus seres queridos. “Nuestro padre fue un líder servidor, no solo de nuestra familia, sino también de los oprimidos, los que no tienen voz y los ignorados en todo el mundo”, expresaron. Añadieron que su “inquebrantable compromiso con la justicia, la igualdad y los derechos humanos” ayudó a moldear “un movimiento global por la libertad y la dignidad”.
De Greenville a Selma: El nacimiento de un activista
Nacido el 8 de octubre de 1941 en Greenville, South Carolina, Jackson creció bajo las leyes de segregación de Jim Crow. Recordaría esas experiencias como el motor de su ambición transformadora. “Es de ahí que me viene el impulso para pensar que podría cambiar el Sur a través del movimiento por los derechos civiles y postularme a la presidencia”, dijo a The New York Times en 1997.
En North Carolina A&T se involucró en protestas contra la segregación. “Salí de Greensboro… Fue mi trampolín”, afirmó en 2015. Tras ver por televisión el “Domingo Sangriento” de 1965, organizó una caravana para unirse a Martin Luther King Jr. en Selma. Años después evocaría ese momento: “La sangre de Selma nos liberó a todos… En Selma, Estados Unidos renació”.
Como líder de Operation Breadbasket en Chicago, impulsó 2000 nuevos empleos que generaron $15 millones anuales para la comunidad negra. Tras el asesinato de King en 1968, episodio que describió como una herida permanente —“Sangre por todas partes. Duele todo el tiempo”—, fundó Operation PUSH, germen de la Rainbow PUSH Coalition.
La política como extensión de la lucha
En 1984 y 1988 desafió las probabilidades al competir por la nominación presidencial demócrata. Más tarde ejerció como “senador en la sombra” por Washington, DC. “Porque mi compromiso de vida es expandir la democracia. Mi objetivo no es el empleo. Es el empoderamiento”, declaró en 1990.
Nombrado enviado especial a África en 1997, expresó: “Qué alegría, qué privilegio, qué responsabilidad… Es un largo viaje desde Haynie Street”. También negoció liberaciones internacionales y defendió derechos LGBTQ y el voto. En una protesta reciente advirtió: “Si perdemos, la democracia pierde”.
Controversias, enfermedad y legado
No estuvo exento de polémicas, incluidas declaraciones ofensivas en 1984 por las que luego se disculpó. En 2001 reconoció una relación extramatrimonial. Desde 2017 enfrentó la enfermedad de Parkinson y superó el COVID-19 en 2021.
En 2018 resumió su filosofía: “Queremos un sistema justo y que se aplique con equidad… igualdad de condiciones, con igual protección ante la ley”. Con su partida, queda el eco de una vida dedicada a incomodar al poder y ampliar los márgenes de la democracia estadounidense.
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