El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reunirá el próximo 7 de marzo en Miami a seis mandatarios latinoamericanos en un encuentro que busca redefinir el eje político y económico hemisférico al inicio de su nuevo mandato.
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La cita tendrá lugar en el complejo Trump National Doral Miami y contará con la participación de Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador) y Nasry Asfura (Honduras), según confirmaron medios internacionales. Podrían haber modificaciones, aunque a hoy no se han confirmado cambios.
Se trata de una de las primeras reuniones multilaterales de este tipo desde que Trump regresó a la Casa Blanca. El contexto regional es particularmente sensible tras los acontecimientos políticos y económicos en Venezuela luego de la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, hecho que reconfiguró el tablero diplomático en América Latina.
La ausencia que más llama la atención es la del presidente colombiano, Gustavo Petro. Aunque recientemente sostuvo un encuentro con Trump en Washington para reducir tensiones bilaterales, no aparece en la lista de invitados confirmados hasta ahora. La señal política es relevante, considerando el peso estratégico de Colombia en materia de seguridad, migración y comercio.
Desde Washington, la Casa Blanca ha reiterado que la nueva etapa de política exterior retoma con fuerza el principio de que Estados Unidos no permitirá una presencia activa de potencias extranjeras en el continente americano, una postura que varios analistas vinculan con una reinterpretación contemporánea de la doctrina Monroe.
En términos económicos, el acercamiento con gobiernos afines puede traducirse en acuerdos comerciales, cooperación energética y coordinación en materia migratoria. Para América Latina, el impacto podría sentirse en sectores sensibles como exportaciones agrícolas, energía e infraestructura, áreas donde la participación de capital estadounidense sigue siendo determinante.
Para la comunidad hispana en Estados Unidos, cualquier ajuste en la relación bilateral con estos países también tiene implicaciones directas. Cambios en políticas migratorias, flujos de remesas o acuerdos comerciales pueden incidir en empleo en sectores como construcción, logística y servicios, donde la fuerza laboral latina tiene una presencia significativa.
Además, para pequeños empresarios e inversionistas hispanos, una mayor alineación política entre Washington y ciertas economías latinoamericanas podría abrir oportunidades en comercio transfronterizo, financiamiento y cadenas de suministro, especialmente si se priorizan acuerdos bilaterales rápidos frente a marcos multilaterales más amplios.
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La reunión del 7 de marzo no solo será un gesto diplomático. También funcionará como termómetro del nuevo equilibrio regional que la administración Trump busca consolidar en el hemisferio occidental.
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