Elon Musk sufrió un revés judicial en su disputa contra OpenAI y Sam Altman, luego de que un jurado federal en California concluyera que el empresario presentó demasiado tarde su demanda contra la compañía creadora de ChatGPT.
La jueza Yvonne Gonzalez Rogers adoptó de inmediato el veredicto del jurado, que determinó que las acusaciones relacionadas con un supuesto incumplimiento de obligaciones fiduciarias quedaron fuera del límite legal de tres años para iniciar acciones judiciales. El tribunal no evaluó si las acusaciones de Musk eran válidas o no, únicamente concluyó que el caso llegó fuera de tiempo.
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Musk reaccionó rápidamente y calificó la decisión como un “tecnicismo del calendario”. En una publicación en X, aseguró que “no cabe duda” de que Altman y Greg Brockman “se enriquecieron robando a una organización benéfica”.
La demanda, presentada en 2024, acusaba a OpenAI de abandonar su misión original sin fines de lucro para priorizar intereses comerciales. Musk, quien ayudó a fundar la empresa en 2015 y aportó cerca de $38 millones, sostuvo durante el juicio que su respaldo financiero estaba condicionado a desarrollar inteligencia artificial “para beneficio de la humanidad”.
La batalla refleja el enorme negocio detrás de la inteligencia artificial
OpenAI rechazó las acusaciones y argumentó que la transformación de su estructura corporativa fue necesaria para competir en la carrera global de inteligencia artificial frente a gigantes como Google y Anthropic. Los abogados de la empresa afirmaron que Musk intentó utilizar el caso para perjudicar a un competidor directo después de lanzar xAI, su propia firma de inteligencia artificial integrada actualmente a SpaceX.
El abogado principal de OpenAI, William Savitt, afirmó que “presentaron sus reclamaciones demasiado tarde” y sostuvo que la demanda buscaba ser utilizada “como arma contra un competidor”.
La disputa ocurre en un momento clave para ambas compañías. OpenAI alcanzó recientemente una valoración superior a $850,000 millones tras nuevas rondas de financiamiento, mientras SpaceX avanza hacia una posible salida a bolsa que podría convertirse en una de las mayores de la historia tecnológica.
El caso también refleja cómo la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los sectores más lucrativos y competitivos del mundo, con inversiones multimillonarias y fuertes disputas por control, talento y liderazgo.
Para pequeños inversionistas y empresarios tecnológicos, especialmente dentro de la creciente comunidad hispana ligada a innovación y desarrollo digital en Estados Unidos, el conflicto confirma que la IA dejó de ser un proyecto experimental para convertirse en un negocio estratégico con impacto global.
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