Irán y Omán avanzaron en un esquema para recuperar parcialmente el tránsito por el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio energético mundial. Sin embargo, el entendimiento todavía no representa la reapertura completa que esperan los mercados.
La propuesta establecería rutas coordinadas: los buques entrarían al Golfo Pérsico por aguas administradas por Irán y saldrían por el sector gestionado por Omán. El mecanismo podría aplicarse inicialmente durante 60 días, aunque todavía requiere aprobación del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní.
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El principal problema continúa siendo quién controlará el tránsito y bajo qué condiciones. Teherán sostiene que no habrá una apertura efectiva mientras Washington mantenga restricciones sobre embarcaciones relacionadas con puertos iraníes.
También existe incertidumbre sobre posibles pagos. Algunas fuentes aseguran que no habría peajes obligatorios, mientras autoridades iraníes plantean autorizaciones, regulaciones y eventuales cobros por determinados servicios. Coordinar una ruta, por tanto, no significa garantizar libre navegación.
La recuperación sigue siendo limitada. Entre el 27 de julio y el 2 de agosto se registraron 84 cruces, frente a 45 la semana anterior, pero muy lejos de los más de 700 tránsitos semanales habituales antes de la crisis.
Las explosiones reportadas cerca de Omán y recientes ataques contra embarcaciones mantienen además elevada la percepción de riesgo.
Para Wall Street, un acuerdo efectivo y verificable podría reducir la prima geopolítica del petróleo, abaratar el transporte y aliviar presiones inflacionarias. Pero mientras no exista aprobación política, navegación segura y reglas económicas claras, Ormuz seguirá lejos de recuperar completamente su normalidad.
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