La emergencia provocada por el terremoto de magnitud 7.4 continúa creciendo en Colombia. El balance oficial actualizado hasta este jueves en la mañana asciende a 265 personas fallecidas, 3,494 heridas y 496 desaparecidas, mientras siguen consolidándose reportes procedentes de las regiones afectadas.
El epicentro estuvo en San José del Palmar, Chocó, pero los daños alcanzaron el Eje Cafetero y Valle del Cauca, incluyendo Pereira, Armenia y Cali. Lorena Céspedes, periodista, advirtió que todavía no existe una fotografía completa de la tragedia debido a las dificultades para ingresar a comunidades apartadas.
“La emergencia continúa”, afirmó Céspedes, quien destacó que las operaciones de búsqueda siguen siendo prioritarias. Las primeras 72 horas son especialmente importantes para localizar sobrevivientes atrapados entre estructuras colapsadas.
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¿Por qué el número de víctimas del terremoto en Colombia todavía podría aumentar?
“Todavía no necesariamente tenemos una fotografía completa de lo que está ocurriendo”, explicó Céspedes. Por ello, el balance podría modificarse a medida que los rescatistas alcancen zonas aisladas.
Colombia movilizó cuatro grupos especializados de búsqueda y rescate urbano procedentes de Medellín, Envigado, Bogotá y Yopal, además de maquinaria y apoyo aéreo.
El gobierno declaró situación de desastre nacional para acelerar recursos. También anunció subsidios temporales de arriendo para familias que perdieron sus viviendas y traslados de pacientes que necesitan atención especializada.
Estados Unidos anunció además un paquete de ayuda de $15.5 millones, mientras organizaciones humanitarias activaron mecanismos de asistencia dentro y fuera de Colombia.
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El drama detrás de las cifras
Para Céspedes, detrás de las estadísticas existe una dimensión que ninguna cifra puede reflejar completamente. “Hoy de los números que estamos hablando son vidas humanas”, expresó.
“Hay personas que ayer lo perdieron todo”, recordó al describir la prioridad de encontrar sobrevivientes y proteger a quienes quedaron vulnerables.
La periodista también relató el impacto de observar la tragedia desde Estados Unidos. “Es una situación demasiado dolorosa” y “hay imágenes que de verdad te rompen el corazón”, afirmó.
Céspedes pidió transformar esa conmoción en acciones útiles. En lugar de continuar difundiendo imágenes explícitas de la destrucción, recomendó compartir fotografías de desaparecidos, números de emergencia e información verificada que pueda contribuir a localizar personas.
También hizo un llamado a comprobar cuidadosamente cualquier organización antes de realizar donaciones.
Con 496 personas todavía desaparecidas, la búsqueda permanece contra el reloj. Como resumió Céspedes: “La situación está viva, sigue; es una noticia en desarrollo literalmente”. Para cientos de familias colombianas, la emergencia no terminó cuando dejó de temblar: continúa mientras esperan saber dónde están sus seres queridos.
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El paralelo con Venezuela
Colombia llegó al terremoto con una ventaja decisiva: capacidad de rescate especializada ya instalada. El país cuenta con 23 grupos USAR y su principal unidad, USAR COL-1, fue reclasificada por la ONU apenas en junio tras superar 174 pruebas de búsqueda, atención médica, logística y operación entre estructuras colapsadas. Integra bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja, Policía y Fuerzas Armadas, además de especialistas y perros entrenados. Aún así, la magnitud del evento ha llevado a las fuerzas al límite.
El contraste con Venezuela es significativo. Tras el terremoto de junio, el gobierno en Caracas falló inicialmente en todos los aspectos, desde algo aparentemente sencillo como que su mandatario se dirigiera a la nación rápidamente, hasta asuntos más importantes como la disposición de equipos de rescate, maquinaria y manejo de cadáveres, acciones que tardaron incluso varios días en gran parte de las zonas afectadas, mientras en Colombia la reacción coordinada de las autoridades fue casi inmediata en casi todas las zonas afectadas.
Colombia, inicialmente sostuvo que podía afrontar la búsqueda con recursos nacionales y rechazó brigadas extranjeras. Durante las primeras 48 horas lo hizo de esa manera y con éxito. Posteriormente, equipos de rescate extranjeros fueron autorizados para apoyar antes del fin de las primeras 72 horas cruciales para hallar personas aún con vida.
Es claro que Colombia al igual que la mayoría de países, no está preparada para enfrentar sola un desastre de esta magnitud. Sin embargo, se evidencia una infraestructura profesional de rescate urbano que permite desplegar capacidad propia de manera rápida, lo cual es crucial para rescatar con vida a los sobrevivientes y evitar el colapso de las áreas que quedaron en pie luego del evento.
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