Comprar una vivienda, mantener una familia y emprender se ha vuelto más costoso para millones de hispanos en Estados Unidos. El problema, sin embargo, no se limita a los ingresos: regulaciones, energía, permisos y otros gastos están aumentando la presión sobre los hogares.
Judy Pino, portavoz de Mujeres Independientes y de La Iniciativa LIBRE, sostiene que las familias latinas mantienen intacta su aspiración de prosperar. “Las familias hispanas no han dejado de creer en el sueño americano”, afirmó en Comercio TV. El desafío, agregó, es preguntarse “por qué les estamos haciendo cada vez más difícil alcanzarlo”.
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¿Cuánto están encareciendo las regulaciones el precio de comprar una vivienda nueva?
Pino explica que vivienda, alimentos, energía y cuidado infantil forman una acumulación de costos que golpea el presupuesto familiar. Washington no controla todos los precios, pero “sí controla muchas de las políticas y las regulaciones que pueden hacer más caro producir, construir y trabajar”.
La entrevistada recordó que cuando escribió su columna en Washington Examiner, un estudio calculaba que las regulaciones agregaban casi $94,000 al costo de una vivienda nueva. Sin embargo, aseguró que una actualización elevó esa cifra por encima de $131,000, aproximadamente 26% del precio promedio de una casa nueva. “Eso no es sostenible”, advirtió.
Pino no propone eliminar normas relacionadas con seguridad o calidad. El problema aparece cuando se acumulan “regulaciones encima de regulaciones, permisos y costos que en realidad no aportan un beneficio proporcional”.
Entre las medidas que plantea están simplificar permisos, revisar restricciones de zonificación y eliminar requisitos duplicados. “Estos costos no desaparecen. Los termina pagando la familia que está tratando de comprar su primera casita”, señaló.
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¿Por qué el costo de vida puede convertir al voto latino en decisivo?
El impacto también llega mediante energía y cuidado infantil. Pino sostiene que los hogares hispanos pueden sufrir especialmente cuando aumentan gasolina y electricidad debido, entre otros factores, a una mayor dependencia del automóvil.
“No existe un botón en Washington que haga bajar el precio de la gasolina”, reconoció. Su propuesta pasa por facilitar oferta energética, infraestructura y permisos para conseguir energía “abundante, confiable y asequible”.
En cuidado infantil, reclama mayor flexibilidad. Algunas familias prefieren guarderías; otras, padres, abuelos o familiares. “La política debe adaptarse a la familia, no la familia a la política”, afirmó.
Ese bolsillo familiar podría trasladarse directamente a las urnas. Según Pino, unos 36 millones de latinos son elegibles para votar este año, y vivienda, salarios, empleos y costo de vida figuran entre sus preocupaciones.
“El votante hispano no se define por un solo tema”, sostuvo. Tampoco considera asegurado su apoyo para ningún partido: “El hispano no se casa con un partido”.
Su mensaje final mantiene la misma idea: “El sueño americano sí está vivo todavía”. Pero para conservarlo, argumenta, las políticas públicas deben facilitar que trabajar, emprender, criar una familia y comprar vivienda vuelvan a ser objetivos alcanzables.
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