No fue una filtración ni una declaración improvisada: fue un golpe directo al corazón de la agencia espacial más emblemática del mundo. Y las repercusiones ya se sienten desde Washington hasta Cabo Cañaveral.
La administración Trump presentó un nuevo presupuesto que recorta $6,000 millones a la NASA y redirige $1,000 millones hacia misiones centradas en Marte. Según el documento oficial publicado por la propia NASA, el nuevo enfoque busca “ganarle a China en llegar a la Luna y en poner al primer humano en Marte”. Para ello, se pondrán fin a múltiples programas emblemáticos como el Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), la nave Orion y el programa Gateway.
“Esta no es la primera vez que se le pide a la NASA adaptarse… su capacidad de cumplir, incluso bajo presión, es lo que distingue a la NASA”, escribió Janet Petro, administradora interina, en un correo interno.
El recorte representa una reducción cercana al 25% del financiamiento de la agencia, lo que obligará a “racionalizar” su fuerza laboral, recortar servicios y cancelar programas como el Retorno de Muestras de Marte (MSR). A pesar de esto, Petro sostuvo que el presupuesto “refleja el apoyo de la administración a nuestra misión”.
El nuevo giro también fortalece indirectamente a SpaceX. Elon Musk, quien lidera el Departamento de Eficiencia Gubernamental de Trump, ha manifestado que su cohete Starship está diseñado para llevar humanos a Marte. “Muy seguro” de lograrlo para 2026, Musk se perfila como el gran beneficiado de este ajuste radical que podría redibujar el futuro de la exploración espacial estadounidense.
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