La lucha por la sucesión de Jerome Powell al frente de la FED se ha convertido en una contienda abierta entre figuras con trayectorias muy distintas y con apoyos que se extienden desde la Casa Blanca hasta los grandes centros financieros.
El presidente Donald Trump reconoció a comienzos de diciembre ante asistentes y aliados que no estaba convencido de elegir al exgobernador de la FED Kevin Warsh, según personas familiarizadas con el asunto. En una reunión de gabinete, Trump llegó a decir que había reducido su lista a un solo nombre, lo que llevó a la cancelación repentina de entrevistas y apuntó a Kevin Hassett, actual director del Consejo Económico Nacional.
Un giro inesperado y nuevas presiones
El panorama cambió de forma abrupta cuando Warsh volvió a posicionarse tras lo que Trump consideró “una entrevista convincente” la semana pasada, de acuerdo con un funcionario de la administración. A la par, el gobernador de la FED Christopher Waller emergió como un tercer contendiente de peso, entrevistándose con el presidente y obteniendo respaldo corporativo. Rick Rieder, alto ejecutivo de BlackRock, también figura en la lista y tiene previsto reunirse con Trump en Mar-a-Lago antes de que termine el año.
En Wall Street, algunos ejecutivos han abogado activamente por Warsh, contactando a funcionarios de la administración para desplazar a Hassett. El argumento central es que Hassett sería “demasiado cercano” a Trump para generar confianza en los mercados de bonos como líder independiente de la FED. Otros aliados del presidente han expresado frustración por lo que consideran maniobras excesivas.
Una encuesta rápida realizada esta semana en una conferencia en Nueva York reflejó la fragmentación del respaldo: 81% de los ejecutivos consultados se inclinó por Waller, mientras que los dos Kevins dividieron el resto de las preferencias.
Credibilidad, tasas y viejas heridas
Las dudas sobre los favoritos apuntan en direcciones opuestas. Críticos de Hassett señalan que su rol actual, defendiendo públicamente las políticas del presidente y atacando a la FED, lo descalifica para dirigir un banco central independiente. En el caso de Warsh, algunos cuestionan si su respaldo a la baja de tasas responde a convicción genuina o a su fuerte deseo de obtener el cargo.
Trump ha dicho al The Wall Street Journal que espera ser consultado sobre decisiones de tasas, una postura que inquieta a sectores que defienden la autonomía del banco central. “No creo que puedas conseguir este trabajo a menos que le hayas hecho alguna promesa al presidente Trump”, afirmó Richard Fisher, expresidente de la FED de Dallas.
El trasfondo de la disputa es el resentimiento persistente de Trump por haber elegido a Powell hace ocho años, una decisión que aún atribuye a la recomendación de su entonces secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. Hoy, el secretario Scott Bessent y otros asesores evitan mostrar preferencias, dejando un vacío que ha sido ocupado por presiones externas.
Mientras Trump evalúa, el proceso sigue siendo fluido e impredecible. Lo que está en juego no es solo un nombre, sino la señal que enviará la Casa Blanca sobre la independencia de la FED y el rumbo de la política monetaria en los próximos años.
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