Apple trabajará con Intel en el diseño y la fabricación de semiconductores en Estados Unidos, según anunció el presidente Donald Trump, en un movimiento que podría reforzar los esfuerzos para expandir la producción nacional de chips y reducir la dependencia de proveedores extranjeros.
La noticia impulsó las acciones de Intel en las operaciones previas a la apertura del mercado, mientras los inversionistas evaluaban el impacto potencial de sumar a Apple como cliente de su negocio de manufactura.
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¿Por qué Apple busca fabricar más chips en Estados Unidos?
Apple depende actualmente de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) para producir gran parte de los procesadores que utiliza en sus dispositivos. Sin embargo, la creciente demanda de chips avanzados para inteligencia artificial por parte de empresas como Nvidia y Advanced Micro Devices ha incrementado la competencia por la capacidad de producción disponible.
Según Trump, Apple e Intel alcanzaron un acuerdo preliminar tras más de un año de negociaciones. Ninguna de las compañías ha detallado qué productos o procesadores estarán incluidos en la colaboración.
Para Apple, la alianza podría diversificar su cadena de suministro y aumentar su capacidad de producción en territorio estadounidense, una prioridad que ha ganado relevancia en medio de las tensiones geopolíticas y los esfuerzos por fortalecer la manufactura nacional.
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¿Qué significa este acuerdo para Intel y la industria de semiconductores?
El posible contrato representa una oportunidad importante para Intel, que busca recuperar terreno frente a TSMC después de varios años en los que perdió liderazgo tecnológico y participación en el mercado de fabricación de chips.
Esta semana, Intel informó que su nueva tecnología de manufactura 18A-P entró en producción inicial, un avance clave en su estrategia para atraer clientes interesados en procesadores de última generación.
La administración Trump ha convertido el fortalecimiento de la industria de semiconductores en una prioridad económica y de seguridad nacional. El año pasado, el gobierno adquirió una participación cercana al 10% en Intel e impulsó inversiones estimadas en unos $10,000 millones para ampliar la capacidad de fabricación de la compañía en Estados Unidos.
La estrategia forma parte de un esfuerzo más amplio para asegurar cadenas de suministro consideradas críticas, incluyendo semiconductores y minerales estratégicos, y reducir la dependencia de países como China y Taiwán.
El fortalecimiento de la producción tecnológica nacional también podría generar nuevas oportunidades de empleo en manufactura avanzada, ingeniería y construcción de infraestructura industrial, sectores donde la comunidad hispana mantiene una participación relevante dentro de la fuerza laboral estadounidense.
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