La Copa Mundial de 2026 terminó con España levantando su segundo título tras vencer 1-0 a Argentina, pero el resultado financiero del torneo fue mucho más amplio que lo ocurrido en la cancha. Durante cinco semanas, millones de aficionados llenaron estadios, hoteles, restaurantes, aeropuertos y zonas comerciales en Estados Unidos, México y Canadá.
El campeonato fue el más grande en la historia de la competencia. Participaron 48 selecciones, frente a las 32 de la edición anterior, y se disputaron 104 partidos, en comparación con los 64 del formato previo. Esa expansión permitió vender más entradas, derechos de televisión, patrocinios, productos oficiales y paquetes de hospitalidad.
La FIFA calcula que sus ingresos durante 2026 superarán los $9,000 millones, una cifra que convierte al torneo en el evento deportivo más lucrativo organizado por la entidad. Sin embargo, el impacto no se distribuyó de manera uniforme. Ciudades como Filadelfia y Kansas City reportaron un fuerte crecimiento del turismo, mientras otros grandes destinos registraron resultados más moderados.
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La FIFA multiplica ingresos con más partidos y entradas costosas
El formato ampliado fue una pieza central de la estrategia comercial de la FIFA. Los 104 encuentros se desarrollaron durante seis semanas, dos más que en el Mundial anterior. Cada partido adicional representó nuevas oportunidades para vender boletos, publicidad, transmisiones y experiencias corporativas.
Las entradas costaron entre $60 y más de $10,000, con un precio promedio superior a $900, según cifras recopiladas por TicketData. También se ofrecieron paquetes de hospitalidad valorados en cientos de miles e incluso millones de dólares.
Pese a las críticas por los precios, la demanda se mantuvo firme. La ocupación de los estadios durante la fase de grupos se acercó al 99%, de acuerdo con Football Benchmark. Antonio Di Cianni, director de asesoría de esa firma, señaló: “Esto demuestra que la gente está dispuesta a pagar esos precios”.
El éxito comercial ya alimenta nuevas discusiones sobre una posible ampliación a 64 selecciones en 2030. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, declaró que “todos estos son temas que analizaremos después del Mundial”.
Una competencia con 64 equipos incluiría a casi un tercio de las naciones afiliadas y generaría todavía más partidos e ingresos. La FIFA ha presupuestado aproximadamente $6,000 millones para el Mundial de 2030, que incluirá actividades por el centenario del torneo.
La entidad también planea distribuir $2,700 millones entre sus 211 asociaciones miembro durante el periodo 2027-2030 mediante el programa FIFA Forward 4.0. Esos fondos se destinan a infraestructura, formación y desarrollo futbolístico, aunque también fortalecen la influencia política de la organización entre las federaciones nacionales.
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Hoteles y restaurantes fueron los ganadores más visibles
El impacto económico más evidente se registró en el turismo y la hospitalidad. Bank of America calculó que el gasto con tarjetas de crédito y débito de consumidores estadounidenses aumentó 6.3% interanual en junio, el mayor crecimiento en más de cuatro años.
Los economistas del banco relacionaron parte de ese avance con el Mundial, especialmente por el aumento del consumo en restaurantes y comercios físicos. El cálculo no incluye el gasto de visitantes extranjeros, por lo que el efecto total podría ser mayor.
Filadelfia y Kansas City estuvieron entre las ciudades con mejor desempeño. Cirium detectó un ligero aumento en las reservas anticipadas de vuelos desde Europa hacia Filadelfia, Kansas City, Dallas y Houston. En contraste, Los Ángeles, Miami y Nueva York registraron descensos en esas reservas.
Los hoteles de las ciudades sede obtuvieron alrededor de 35% más ingresos por habitación disponible durante una jornada promedio hasta comienzos de julio, según datos de CoStar. La ocupación aumentó de manera moderada en la fase de grupos y se aceleró durante las rondas eliminatorias.
Parte del crecimiento hotelero se explicó por tarifas más altas, no necesariamente por una ocupación extraordinaria en todas las ciudades. Algunos establecimientos compensaron una demanda más débil elevando el precio de las habitaciones.
Los restaurantes también reportaron jornadas récord. Doug Hager, propietario de una cervecería alemana en Filadelfia, vendió aproximadamente 4,000 pretzels durante el torneo. Al describir el resultado comercial, afirmó: “Es divertido ganar mucho dinero”.
Otro bar deportivo de Pensilvania recaudó cerca de $13,000 durante el partido entre Inglaterra y Noruega, pese a enfrentar una tormenta, fallas eléctricas y problemas de conexión. Su copropietario, Shea Roggio, resumió el entusiasmo empresarial con una frase: “No quiero que esto termine nunca”.
Para miles de trabajadores hispanos en hoteles, restaurantes, transporte, limpieza y comercio minorista, la llegada de turistas representó más turnos y mayores propinas. Sin embargo, el beneficio laboral parece haber sido temporal y desigual entre las sedes.
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El impulso económico no cumplió todas las promesas
Antes del campeonato, la FIFA estimó que el Mundial podría generar aproximadamente 185,000 empleos de tiempo completo en Estados Unidos y aportar alrededor de $17,000 millones al producto interno bruto.
Todavía no existen datos definitivos que confirmen esas proyecciones. De hecho, el Departamento de Trabajo reportó una pérdida importante de empleos en ocio y hospitalidad durante junio, lo que sugiere que el torneo no produjo un cambio visible en las cifras nacionales de contratación.
Victor Matheson, profesor de economía del College of the Holy Cross, explicó que los megaeventos suelen redistribuir el gasto en lugar de crear riqueza nueva. Un turista estadounidense que habría viajado a Denver, por ejemplo, pudo haber cambiado sus planes para visitar Kansas City y asistir a un partido.
Matheson resumió esa diferencia al señalar: “El Mundial nos hace felices, pero no hay muchas pruebas de que nos esté haciendo ricos”.
El riesgo principal para las ciudades anfitrionas es el llamado efecto desplazamiento. Algunos turistas tradicionales evitan los destinos sede por temor a precios altos, multitudes o dificultades de transporte. Esto ayuda a explicar por qué grandes mercados como Nueva York, Miami y Los Ángeles no necesariamente registraron el mayor crecimiento de visitantes europeos.
Además, las autoridades locales suelen gastar millones de dólares en seguridad, transporte, remodelaciones y operación de espacios públicos. El beneficio neto depende de cuánto gasto adicional permanezca en la economía local después de descontar esos costos.
Filadelfia ofreció una señal positiva. El gasto total aumentó frente al año anterior y la infraestructura soportó tanto el Mundial como las celebraciones por el 250 aniversario de Estados Unidos. Para pequeños empresarios, incluidos numerosos negocios latinos de comida, transporte y servicios, el torneo abrió una ventana de ingresos difícil de replicar en un periodo normal.
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Un legado comercial, deportivo y político
El campeonato también dejó un impacto cultural. Estados Unidos avanzó en su relación con el fútbol, mientras una nueva generación pudo ver en su territorio a figuras como Lionel Messi, Kylian Mbappé y Erling Haaland.
Messi, con 39 años, condujo a Argentina hasta la final, mientras España confirmó la fortaleza de su sistema colectivo. El partido decisivo terminó 1-0 en tiempo extra, con un gol de Ferran Torres en el minuto 106.
La final incorporó el primer espectáculo de medio tiempo en la historia del Mundial. Participaron artistas como Madonna, Justin Bieber, BTS y Shakira, y el descanso se extendió por más de 27 minutos. La medida recibió críticas, pero mostró la intención de la FIFA de acercar el evento al modelo comercial de los grandes espectáculos deportivos estadounidenses.
El torneo también expuso la relación entre fútbol y política. El presidente Donald Trump reconoció que llamó a Infantino para pedir la revisión de una tarjeta roja contra el estadounidense Folarin Balogun. Trump declaró: “Pedí una revisión porque no me pareció falta. No tenía ni idea de lo que era una tarjeta roja”.
La sanción fue revocada posteriormente, aunque la FIFA negó que la llamada influyera en la decisión. El episodio aumentó el escrutinio sobre los vínculos entre el organismo deportivo y la Casa Blanca.
El balance final combina ganancias récord, estadios llenos y un impulso importante para hoteles y restaurantes, pero también dudas sobre la creación real de empleo y riqueza. La FIFA aparece como la principal ganadora, con ingresos superiores a $9,000 millones, mientras las ciudades obtuvieron resultados muy diferentes.
Para las comunidades hispanas, el legado dependerá de si el crecimiento del fútbol se traduce en empleos duraderos, oportunidades para pequeñas empresas, inversión en ligas juveniles y mayor acceso al deporte. El Mundial demostró que Estados Unidos puede organizar una competencia gigantesca y rentable. La pregunta pendiente es cuánto de esa riqueza permanecerá en las comunidades una vez que los aficionados, las selecciones y los patrocinadores se hayan marchado.
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