Tener buenos ingresos, saber elaborar un presupuesto o conocer sobre inversiones no garantiza tomar buenas decisiones financieras. Antes de preguntarse dónde invertir, conviene entender qué emociones y creencias están determinando la relación personal con el dinero.
Natalia Ospina, asesora financiera y estratega patrimonial, plantea una pregunta sencilla: “¿Qué está gobernando las decisiones que tomas con tu dinero?”. Su argumento es que detrás de muchos hábitos financieros existen experiencias, temores o ideas aprendidas durante años.
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¿Cómo influyen las creencias sobre el dinero en nuestras decisiones financieras?
Las creencias sobre el dinero pueden determinar cuánto ahorramos, gastamos o estamos dispuestos a invertir. Ante una misma cantidad, alguien puede ahorrar por temor a una emergencia, mientras otra persona decide gastarla inmediatamente.
“Nosotros no solamente administramos dinero, administramos realmente lo que creemos que ese dinero representa”, explica Ospina.
Por eso, recomienda identificar dónde está puesta nuestra sensación de seguridad. “Aquello donde tú colocas tu seguridad también determina qué es lo que más miedo tienes de perder”.
Ese temor también puede impedir invertir. Una persona puede tener suficiente capital, pero mantenerse durante años sin tomar decisiones porque teme perderlo. Ospina advierte que “la escasez no tiene que ver con cuánto tienes. Puedes tener muchísimo dinero y vivir con una mentalidad de escasez”.
El extremo contrario tampoco garantiza bienestar financiero. Comprar compulsivamente, gastar cada bono o endeudarse para proyectar cierto nivel de vida puede esconder otras necesidades. Por eso propone preguntarse: “¿Qué estás intentando conseguir emocionalmente con una decisión financiera?”.
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¿Cómo tomar mejores decisiones con el dinero sin dejar de disfrutarlo?
La clave está en disfrutar el dinero sin permitir que una satisfacción inmediata comprometa objetivos financieros más importantes. Antes de comprar, conviene evaluar si ese gasto cabe realmente en el presupuesto y responde a una necesidad o prioridad.
“Merecer algo no significa necesariamente que sea conveniente comprarlo”, señala Ospina. Incluso teniendo capacidad para adquirir algo, esperar puede ser una decisión más conveniente.
Su consejo es pensar como administrador del patrimonio y no simplemente como consumidor. “El dinero debe ser un recurso, no se debe convertir en tu amo”.
Ospina resume su propósito en tres acciones: “vivir, multiplicar y compartir”. Ahorrar protege frente a imprevistos, invertir puede construir patrimonio y gastar responsablemente permite disfrutar lo producido.
Antes de buscar una acción, fondo o estrategia, vale hacerse otra pregunta que Ospina considera fundamental: “¿Quién soy yo cuando tengo dinero?”. Entender esa respuesta puede ser el primer paso para cambiar hábitos financieros.
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