Wall Street permanece cerca de máximos, pero detrás del avance de los índices aparece una economía estadounidense mucho menos uniforme. El consumidor pierde impulso, la vivienda continúa debilitada y el mercado laboral muestra tensiones, mientras las enormes inversiones en inteligencia artificial sostienen manufactura, actividad empresarial y valoraciones bursátiles.
José Torres, economista senior de Interactive Brokers, considera que esa divergencia explica buena parte de la desconexión actual entre Wall Street y Main Street. Las ventas minoristas se debilitaron en julio después de cinco meses consecutivos de avances, mientras la pérdida de aproximadamente 29,000 empleos agregó otra señal de cautela.
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¿Por qué Wall Street sigue fuerte mientras el consumidor estadounidense pierde poder adquisitivo?
Torres identifica la inteligencia artificial como uno de los principales motores. Las grandes tecnológicas están destinando enormes cantidades de capital a centros de datos e infraestructura, impulsando la manufactura y apoyando los mercados.
“La fabricación ha estado muy fuerte por el tema de la inteligencia artificial”, explicó. El problema es que esa fortaleza “no refleja lo que está pasando el consumidor de clase media y de clase baja”.
El sector de consumo discrecional permanece débil mientras los principales índices acumulan ganancias superiores al 10% durante 2026. Además, los salarios estarían creciendo por debajo de la inflación, reduciendo la capacidad real de gasto.
La vivienda profundiza esa presión. Torres fue contundente: “El sector inmobiliario está en una crisis total”. Considera que atraviesa una recesión desde 2022 debido principalmente a tasas hipotecarias de 30 años situadas entre 6% y 7%.
Cuando las tasas se aproximan al 7%, explicó, los pagos mensuales dejan de funcionar para el ingreso promedio familiar. La construcción destinada a compradores pierde fuerza, aunque los proyectos orientados al alquiler proporcionan cierto soporte.
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¿Qué riesgo está valorando mal Wall Street y dónde observa José Torres una oportunidad?
El petróleo constituye una variable decisiva para la inflación. Torres señaló que la inflación general ronda 3.4%, frente a una subyacente de aproximadamente 2.5%.
Si las tensiones geopolíticas disminuyeran y el petróleo regresara hacia $60, proyecta que la inflación general podría acercarse a 2.3%-2.5% antes de terminar el año. Eso cambiaría radicalmente la conversación de la FED: de posibles aumentos hacia recortes de tasas.
Sin embargo, Torres cree que existe otra distorsión todavía más clara: “Los rendimientos del Tesoro están en las nubes. No tienen razón. No entiendo por qué los niveles están tan altos”.
Con la inflación subyacente en 2.5% y el bono del Tesoro a 30 años alrededor de 5.3%, considera atractiva la deuda de larga duración para inversionistas preocupados por el riesgo bursátil.
También identifica una amenaza estructural menos visible: la inmigración. Menor disponibilidad de trabajadores afecta empleo, construcción y vivienda. Al comparar ese impacto con la geopolítica, Torres respondió: “La situación inmigratoria está dándole un poco más de daño que geopolítica”.
El escenario deja una economía dividida: inteligencia artificial y mercados avanzan, mientras vivienda y consumidores enfrentan mayores dificultades. Esa brecha puede mantenerse, pero si empleo y consumo continúan deteriorándose, Wall Street tendrá cada vez más dificultades para ignorarla.
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