La inteligencia artificial prometía transformar empresas de software y ciberseguridad, incluso amenazando con volver obsoletos algunos de sus productos. Ahora Wall Street comienza a contemplar el escenario contrario: cuantos más agentes autónomos utilicen las compañías, mayor será la infraestructura necesaria para protegerlos.
Estos agentes pueden acceder a aplicaciones, consultar información sensible y ejecutar acciones con menor supervisión humana. Eso multiplica identidades digitales, permisos y puntos de acceso que necesitan vigilancia constante. La ciberseguridad podría convertirse así en otra gran beneficiaria del auge de la IA.
Bank of America ya está incorporando esa tesis a sus valoraciones. El banco elevó el precio objetivo de SailPoint de $16 a $19, ante el crecimiento esperado de la gestión de identidades y accesos. La compañía puede beneficiarse porque las empresas necesitarán controlar no solamente usuarios humanos, sino también máquinas, aplicaciones y agentes autónomos.
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Para SentinelOne, Bank of America reiteró su recomendación de compra y aumentó su objetivo de $22 a $26. La lógica es diferente: si los ciberdelincuentes utilizan IA para automatizar ataques, las compañías necesitarán sistemas capaces de responder prácticamente máquina contra máquina.
El tercer nombre es Zscaler, cuyo precio objetivo fue elevado de $175 a $210. Su oportunidad está relacionada con Zero Trust: ningún usuario, dispositivo o agente obtiene acceso automáticamente y debe demostrar continuamente que cuenta con autorización.
Pero Wall Street ya está pagando por esa expectativa. Según los datos citados, algunos ETF de ciberseguridad acumulan fuertes avances y las valoraciones del sector se han expandido.
La próxima prueba será comprobar si el aumento del gasto se convierte en ingresos sostenibles. Si los agentes autónomos terminan siendo herramientas habituales dentro de las empresas, proteger identidades, datos y accesos podría dejar de considerarse un gasto opcional.
La paradoja del boom tecnológico empieza entonces a tomar forma: cada nueva capacidad de la inteligencia artificial crea también una nueva vulnerabilidad. Después de chips, centros de datos y energía, Wall Street ya busca quién protegerá toda esa infraestructura.
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